Un estudio del Instituto de Investigaciones Económicas analiza el complejo escenario que enfrentan los jóvenes de 18 a 24 años y advierte sobre una preocupante transición de la desocupación a la inactividad y el peso de la informalidad como rasgo persistente.

La inserción laboral de los jóvenes representa un hito fundamental en la transición hacia la vida adulta. No se trata solo de la obtención de un sustento material, sino de la construcción de identidad, ciudadanía y la posibilidad de proyectar una autonomía real frente al hogar de origen. Sin embargo, este camino se volvió cada vez más incierto y fragmentado.

Desde el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR, el proyecto “Desarrollo Socioeconómico de la Provincia de Santa Fe en la última década” viene monitoreando esta realidad. La investigación, codirigida por la Mag. Verónica Véntola y bajo la dirección de Alicia Castagna, pone el foco en la franja etaria de los 18 a 24 años, un segmento que históricamente fue uno de los más permeables a los vaivenes de la economía regional.

Para contextualizar la situación actual, el equipo de investigación analizó la evolución del nivel de actividad económica en Rosario. Durante 2023, la región mostró una resiliencia particular, con un crecimiento moderado del 3,6% que contrastaba con los retrocesos a nivel provincial y nacional. No obstante, el panorama cambió en 2024. Los datos del segundo semestre reflejan caídas interanuales significativas en sectores claves que suelen absorber mano de obra joven: la construcción cayó al igual que lo hicieron la industria manufacturera y el sector de hoteles y restaurantes. Este deterioro del tejido productivo, compuesto en el aglomerado mayoritariamente por PyMEs, impactó de manera directa y más profunda en los grupos más vulnerables.

De acuerdo a los datos procesados de la Encuesta Permanente de Hogares, en el Gran Rosario viven aproximadamente 145.000 jóvenes. De este total, el dato más impactante es que más de la mitad (50,7%) son hoy considerados inactivos: personas que no trabajan ni buscan empleo.

Verónica Véntola advierte sobre una tendencia preocupante entre el primer trimestre de 2023 y el último de 2024: mientras que la población joven que busca trabajo descendió un 41%, el universo de los denominados “Ni-Ni” (que no estudian ni trabajan) aumentó un 30%. “En estos dos años hubo una destrucción grande de puestos de trabajo para los jóvenes, y muchos de ellos pasaron a engrosar el universo de los inactivos, no de los desocupados. Esto indica un retiro del mercado, muchas veces por falta de expectativas o agotamiento de las búsquedas”, explica la investigadora.

La Magister Verónica Véntola codirige el proyecto de investigación

Cuando se analiza a quienes sí están dentro del mercado laboral, la brecha es alarmante. Si la tasa de desocupación general en el aglomerado ronda el 7%, en los jóvenes este indicador escala hasta el 32% en algunos trimestres, lo que significa que el desempleo juvenil triplica o incluso cuadriplica la media general.

La calidad del empleo es otro eje crítico. La informalidad laboral, es decir el empleo sin aportes jubilatorios ni seguridad social, se consolidó como un rasgo estructural. Durante 2024, la informalidad juvenil alcanzó picos cercanos al 70%.

Por otro lado, la desigualdad de género marca una trayectoria diferenciada. Si bien los varones encuentran trabajo con mayor rapidez, suelen estar más expuestos a la informalidad. En contrapartida, las mujeres jóvenes enfrentan tasas de desocupación más elevadas y una mayor tendencia a quedar fuera del sistema laboral bajo la calificación de “amas de casa”, lo que limita profundamente sus procesos de emancipación y autonomía económica.

El desafío de las habilidades laborales

Un punto relevante de la investigación es el desajuste entre la formación educativa y las demandas del mercado. Si bien se observa una mejora en el perfil educativo de los jóvenes ocupados, con un aumento de quienes cursan estudios superiores, esto no garantiza la estabilidad.

Basándose en relevamientos previos y el contacto directo con el sector productivo, Véntola señala que la brecha hoy no es solo técnica, sino de “habilidades blandas”. “A los jóvenes les cuesta la escucha activa, el trabajo en equipo y el cumplimiento de horarios de ocho horas. Existe una nueva mirada generacional sobre el trabajo que choca con las estructuras tradicionales de jerarquía, lo que deriva en una altísima rotación: muchos jóvenes están dos días en un puesto y se van”, detalla la docente investigadora.

Esta situación reabre el debate sobre la necesidad de actualizar los sistemas escolares para adecuarlos a un mercado que hoy demanda, además de títulos, competencias digitales y sociales que la educación formal obligatoria no siempre logra cubrir de manera efectiva.

Rosario se destaca por tener un sistema robusto de políticas públicas, articulando programas municipales, provinciales y nacionales. Desde el programa “Nueva Oportunidad” que trabaja en barrios periféricos, hasta herramientas de subsidio salarial como “Empleo Joven” (donde el Estado cubre hasta el 85% del salario mínimo), la oferta es amplia.

Sin embargo, la investigación detectó un obstáculo en la implementación: la falta de comunicación efectiva. Muchos jóvenes desconocen la existencia de estas herramientas o carecen del “bagaje” necesario para acceder a ellas, como saber confeccionar un currículum o manejarse en una entrevista laboral. “Hay que enseñarles todo ese bagaje que se necesita para insertarse. La brecha es muy grande y las políticas públicas, aunque bien intencionadas, a veces no alcanzan a revertir los números si no hay un acompañamiento territorial más fuerte”, concluye Véntola.

El trabajo del Instituto de Investigaciones Económicas no termina solamente en la publicación de un indicador y en la elaboración de un diagnóstico de la situación. En un contexto donde la incertidumbre parece ser la única constante para la juventud, la producción de conocimiento situado es lo que permite que las políticas públicas dejen de ser “buenas intenciones” para convertirse en herramientas precisas.

“Es un grupo que presenta muchos desafíos, y la mirada debe ser interdisciplinar”, sostiene Verónica Véntola. Desde la UNR, el compromiso sigue firme: transformar los datos en diagnósticos que ayuden a derribar las barreras de la informalidad y la inactividad, asegurando que el paso a la vida adulta no sea un laberinto, sino un camino de oportunidades reales para las nuevas generaciones de la región.

Periodista: Victoria Arrabal/Fotógrafa: Camila Casero