La docente e investigadora de la UNR Carla Morasso analiza el cambio de estrategia del Gobierno frente al reclamo de soberanía, las nuevas tensiones con el Reino Unido y el posible cambio en la posición de Estados Unidos, en un escenario atravesado por intereses geopolíticos y económicos.
El jueves 3 de septiembre, el presidente Javier Milei realizó un anuncio por cadena nacional en el que volvió a colocar en el centro de la agenda política la cuestión de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas.
Carla Morasso, docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), integra el Centro Interdisciplinario Malvinas y Atlántico Sur (CIMAS), un espacio institucional de la Universidad dedicado al estudio, la investigación y la divulgación sobre la Cuestión Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida. El centro reúne a docentes e investigadores de la UNR y el CONICET, graduados, estudiantes y centros de exsoldados combatientes, que estudian este tema desde distintas perspectivas. Desde este espacio, Morasso analizó el anuncio presidencial y el cambio de estrategia del Gobierno frente a la cuestión Malvinas.
“Para comenzar, hay que señalar que el gobierno, al igual que las administraciones anteriores, había mantenido el reclamo ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas y sostenía la necesidad de que el Reino Unido se sentara a negociar. Lo que se modificó fue la estrategia: la administración de Milei había dado indicios, tanto en la narrativa y la comunicación como en los hechos, de tener una mirada sobre la cuestión Malvinas orientada a cooperar y acercarse al Reino Unido para, desde una posición más fuerte, poder abordar posteriormente el tema de la soberanía. Es una estrategia muy similar a la que se desarrolló durante los gobiernos de Menem e incluso durante el gobierno de Mauricio Macri”, explicó la especialista en Relaciones Internacionales.
En ese sentido, Morasso señaló como antecedente el comunicado conjunto firmado en septiembre de 2024 por la entonces canciller Diana Mondino y el ministro de Relaciones Exteriores británico, David Lammy, que retomó una agenda de cooperación bilateral en torno a las Malvinas bajo una fórmula de salvaguardia de soberanía. También mencionó la falta de aplicación de distintas medidas previstas por la legislación argentina.

“Otro indicio de esta estrategia de mayor cooperación con el Reino Unido fue que nunca se aplicaron las leyes que sancionan a las empresas que extraen o exploran hidrocarburos en Malvinas. Tampoco se implementó la capacitación obligatoria sobre la cuestión Malvinas para funcionarios públicos nacionales. Además, nunca se convocó y se desactivó el Consejo Nacional de Malvinas”, sostuvo.
Según la investigadora, estos antecedentes permiten comprender el carácter disruptivo del anuncio presidencial. “Dejó claro cuál es la postura del país frente a este tema. Es curioso que retome leyes que ya estaban en vigencia cuando asumió y que no había puesto en funcionamiento hasta el momento. Incluso, anunció que las va a endurecer”, señaló.
Entre las medidas anunciadas, Milei adelantó un endurecimiento de las sanciones contra empresas que participen, directa o indirectamente, en actividades vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas sin autorización argentina. Las nuevas herramientas podrían alcanzar no solo a las compañías involucradas, sino también a accionistas, proveedores y otras empresas vinculadas, con especial atención sobre las actividades hidrocarburíferas.
El Presidente también anunció la construcción de una nueva base naval integrada en Tierra del Fuego para fortalecer la presencia argentina en el Atlántico Sur y anticipó el envío al Congreso de un proyecto para crear un Consejo de Seguridad Nacional. Al mismo tiempo, reafirmó que el reclamo por la soberanía de las Malvinas constituye una política de Estado y que su recuperación deberá alcanzarse por vías diplomáticas y pacíficas.
Morasso advirtió, sin embargo, que el anuncio deja fuera otros recursos naturales explotados unilateralmente por el Reino Unido, como los recursos ictícolas, y planteó interrogantes sobre el alcance del futuro Consejo de Seguridad Nacional.
“Un Consejo de Seguridad pareciera que va a entremezclar estos dos aspectos que nosotros, normativamente, tenemos divididos, que es la seguridad interior y la seguridad nacional. Esto tiene que ver con la historia argentina y con la forma en que se dio la última dictadura cívico-militar”, explicó.
La investigadora señaló que, aunque el organismo podría pensarse inicialmente en relación con Malvinas,un tema de política exterior vinculado también con la defensa nacional, aunque existe luego el riesgo de que posteriormente incorpore cuestiones correspondientes a la seguridad interior.
“Hay muchos sectores que históricamente han reclamado que se incorporen cuestiones como el terrorismo, el narcotráfico o el crimen internacional, que para nosotros no son parte de la defensa argentina ni son objeto de la defensa nacional, sino que corresponden a la seguridad interior y pueden dar lugar a estas confusiones”, advirtió.
Cambio de posición
Durante los primeros años de la gestión de Milei, el Gobierno sostuvo una política que, según Morasso, puede caracterizarse como desmalvinizadora. “Él hablaba de su admiración por Margaret Thatcher y hubo algunos furcios. Por ejemplo, cuando el primer ministro británico realizó una visita a las Islas Malvinas, el propio Presidente dijo que tenía todo el derecho de estar allí, cuando, en realidad, nosotros estamos disputando esa soberanía”.
La especialista también recordó la paralización de la Ley 27.671, sancionada en 2022 para establecer la capacitación obligatoria sobre la cuestión Malvinas. “Creo que era bastante claro el posicionamiento que tenía”, sostuvo.
Para Morasso, el cambio de discurso puede entenderse, en parte, a partir de un elemento del escenario internacional: las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de revisar la tradicional posición de neutralidad de Estados Unidos frente a la disputa.
“¿Qué es esta posición de neutralidad? Básicamente, que Estados Unidos no se proclama sobre el tema Malvinas”, explicó. A diferencia de Washington, señaló, países como Brasil, los integrantes del Mercosur y China han sostenido el llamado al diálogo y respaldado que el reclamo argentino sea abordado por la vía diplomática y en el marco del proceso de descolonización. Esto no implica necesariamente un reconocimiento de la soberanía argentina, sino el respaldo a la negociación entre las partes.
En este contexto, las declaraciones de Trump pudieron ser interpretadas por el Gobierno argentino como una oportunidad para modificar su estrategia. Sin embargo, Morasso advirtió que no existen garantías de que Estados Unidos traduzca ese posicionamiento en un respaldo concreto al reclamo argentino.
La estrecha alianza entre Milei y Trump, explicó, alimenta expectativas de reciprocidad, aunque la política exterior estadounidense responde actualmente a una lógica fuertemente transaccional. “Hasta el momento, Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, ha mostrado una política más transaccional, en la cual no hay ninguna seguridad de que esto vaya a ser así”, señaló.
La especialista también destacó que el cambio de posición estadounidense tiene antecedentes. En abril, la prensa británica difundió correos del Ministerio de Defensa estadounidense en los que se analizaban mecanismos para presionar al Reino Unido por su posición frente a Irán y Palestina. Entre las alternativas figuraba utilizar la posición de Washington sobre los territorios británicos de ultramar (entre ellos las Malvinas) como herramienta de presión.
Morasso vinculó este escenario con la disputa por el archipiélago de Chagos, cuya soberanía reclama Mauricio. “Es una cuestión importante porque se trata de un territorio colonial del Reino Unido, un territorio británico de ultramar, al igual que las Malvinas. En este caso, el país que reclama la soberanía es Mauricio, un país insular africano que, al igual que Argentina, ha sostenido el reclamo por la descolonización del archipiélago”.
Con el respaldo de la Unión Africana, Mauricio llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia, que determinó que el proceso de descolonización no se realizó de acuerdo con el derecho internacional público y estableció que el Reino Unido debe devolver el territorio a Mauricio.
En Chagos se encuentra Diego García, una base militar estratégica utilizada por Estados Unidos mediante un acuerdo con el Reino Unido y de importancia para sus operaciones en Medio Oriente y otras regiones. Para Morasso, la disputa genera tensiones entre Washington y Londres, aunque ambos países mantienen una alianza militar de larga data.
Milei presentó este escenario como un posible cambio geopolítico favorable a la Argentina y habló de “vientos de cambio” que podrían generar mejores condiciones para avanzar en el reclamo de soberanía.
A este escenario internacional se suma una dimensión económica concreta: la explotación de hidrocarburos en las islas. El proyecto petrolero Sea Lion, ubicado al norte de Malvinas y desarrollado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, contempla una estimación de alrededor de 1.700 millones de barriles de petróleo. La actividad hidrocarburífera constituye así uno de los principales puntos de conflicto entre Argentina y el Reino Unido y uno de los ejes centrales de la nueva estrategia anunciada por Milei.
Morasso consideró que el anuncio de Milei puede afectar el acercamiento que el Gobierno había buscado construir con el Reino Unido. “Creo que lo que hace esto es resquebrajar esta relación de confianza que se intentaba generar, y que estaba muy clara en el acuerdo Mondino-Lammy”, señaló. En ese sentido, destacó la rápida respuesta de las autoridades británicas, que reafirmaron su soberanía sobre las islas y su compromiso con la defensa de los isleños y su derecho a la autodeterminación. Para la investigadora, el cambio de postura argentino puede generar un escenario de mayor tensión, particularmente porque una de las principales medidas anunciadas apunta a la explotación de hidrocarburos en las islas.
Al mismo tiempo, Morasso advirtió que la relación entre Argentina y el Reino Unido no puede analizarse únicamente desde la política exterior de ambos Estados. “Hay muchos intereses cruzados, todo lo que tiene que ver con las empresas, los fondos de inversión, cómo se configuran, hay un montón de redes transnacionales y de intereses”, explicó. Como ejemplos, mencionó los vínculos comerciales de actores de la región con las islas y el lobby que desarrollan los propios isleños en Europa. “Si bien los dos actores centrales en la cuestión Malvinas son el Reino Unido y Argentina, por debajo hay una red de intereses, vínculos y relacionamientos que desbordan lo que es la política exterior como una línea unitaria desde Argentina y que hacen mucho más complejo el panorama”, concluyó.
Periodista: Gonzalo J. García
