La instalación “Cuando la luz toca las cosas del mundo” se realizará el jueves 2 de julio a las 18.15 en San Martín 750.
El imponente edificio de San Martín 750, actual sede del Espacio Cultural Universitario (ECU) de la UNR y antigua sucursal del Banco Nación, vuelve a convertirse en el escenario de un cruce fascinante entre arte, patrimonio e historia. Casi un siglo después de que los arquitectos José y Tito Micheletti concluyeran en 1930 esta emblemática construcción monumental, una nueva propuesta artística irrumpe en su nave central para proponer un viaje en el tiempo a través de la materia. “Cuando la luz toca las cosas del mundo” será el jueves 2 de julio a las 18.15 hs con entrada libre y gratuita.
Se trata de una instalación compuesta por cuatro monumentales placas de mármol arabescato de tres metros cuarenta de altura y apenas dos centímetros y medio de espesor. Las losas se disponen rodeando el antiguo reloj de pie del edificio, aquel que durante décadas midió el tiempo de trabajadores y clientes de la entidad financiera, y que hoy permanece detenido como un testigo silencioso de la historia rosarina.
En el texto de presentación de la obra, titulado “El imperio de la luz sobre las cosas de este mundo”, el profesor y ensayista Rubén Chababo destaca la nobleza de estos materiales que, en la época dorada de las dependencias públicas, parecían “aspirar a habitar la eternidad”.
El mármol arabescato, característico por su trama veteada y sus líneas sinuosas, reviste originalmente las paredes del propio edificio del ECU. Extraído de las históricas canteras de Carrara y Lucca, en Italia, este material comparte la misma travesía transatlántica que trajo a los hermanos Micheletti y a millones de inmigrantes europeos a estas costas del sur en las primeras décadas del siglo XX.
El corazón de la instalación radica en un juego lumínico intermitente. Con breves pausas, un haz de luz impacta sobre las superficies de las losas. Debido a la delgadez y la transparencia de la piedra iluminada, emerge desde su interior una intrincada y misteriosa trama grabada por la naturaleza hace millones de años.
Chababo define este artilugio como un “diálogo sutil entre pasado y presente, entre arquitectura e historia”. Cuando la luz toca la piedra, esas inmensas superficies, tradicionalmente mudas y pesadas, devuelven al espectador una belleza antigua y resguardada que resulta invisible a simple vista.
Con esta propuesta, el ECU reafirma su compromiso como un espacio público gestionado por la Universidad para recuperar el patrimonio de la ciudad, transformando la imponente arquitectura académica en un territorio de asombro, reflexión y experimentación artística contemporánea.
