
Islas del principio del mundo nace con un objetivo pedagógico preciso: ampliar la temporalidad con la que enseñamos Malvinas. La historia del archipiélago no comienza con el conflicto de 1982, ni tampoco con la invasión británica de 1833. Para comprender integralmente la Cuestión Malvinas es necesario remontarse más de quinientos años, al proceso de expansión ultramarina europea, las bulas alejandrinas de 1493, el Tratado de Tordesillas de 1494, la competencia hispano-portuguesa y las expediciones que incorporaron progresivamente el Atlántico Sur al conocimiento geográfico europeo. Sobre ese trasfondo, esta primera historieta acompaña la expedición que Fernando de Magallanes condujo al servicio de la Corona española desde 1519 y que, tras su muerte, Juan Sebastián Elcano culminaría en 1522 con la primera circunnavegación del planeta.
La reconstrucción histórica que sostiene esta entrega parte de una tradición historiográfica argentina y rioplatense extensa. Entre sus obras fundamentales se encuentra la monumental Historia completa de las Malvinas, de José Luis Muñoz Azpiri, que ordenó buena parte de los antecedentes históricos, diplomáticos y documentales del archipiélago. A ella se suma el trabajo específico de Rolando A. Laguarda Trías, Nave española descubre las Islas Malvinas en 1520 (1983), posteriormente profundizado en “El descubrimiento de las Islas Malvinas en 1520 y su predescubrimiento presunto” (1994). Laguarda examinó la relación entre la expedición magallánica y la representación de las “Isles de Sanson ou des Geantz” incorporada por André Thevet en su Le Grand Insulaire et Pilotage de 1586. La importancia atribuida a ese hallazgo fue tal que el estudio de Laguarda fue examinado por la Academia Nacional de la Historia en 1983, cuyo informe lo calificó como un trabajo “sumamente serio, riguroso y valioso”.

También forman parte del sustento historiográfico del ciclo los estudios de Laurio H. Destéfani, especialmente El descubrimiento de las Islas Malvinas y sus investigaciones generales sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, así como Vicente Guillermo Arnaud, Las Islas Malvinas: descubrimiento, primeros mapas, ocupación. Siglo XVI. Arnaud recuperó y discutió en detalle la investigación de Laguarda Trías, el manuscrito de Thevet y la posible transmisión de información procedente de los integrantes de la expedición magallánica. La documentación estudiada relaciona esa tradición con Álvaro de Mesquita y Andrés de San Martín y con una reconstrucción que sitúa el reconocimiento de las islas el 28 de julio de 1520. Precisamente porque las fuentes del siglo XVI son fragmentarias, el ciclo procura distinguir los hechos documentados de las reconstrucciones historiográficas, sin ocultar al lector los problemas propios del oficio del historiador.
Los mapas constituyen otra de las fuentes esenciales de esta primera historieta. La cartografía vinculada a Pedro Reinel, hacia 1522, y los planisferios de Diego Ribero de 1527 y 1529, seguidos posteriormente por el Islario de Alonso de Santa Cruz y otras cartas del siglo XVI, permiten observar la temprana aparición de conjuntos insulares australes y de denominaciones como Sansón, Sanson, San Son o San Antón. No todos estos documentos poseen idéntico valor probatorio ni permiten identificar automáticamente cada representación con las Malvinas actuales; justamente por ello son trabajados como una serie cartográfica, comparando formas, posiciones, topónimos y transmisión de conocimientos entre los navegantes y los cartógrafos europeos. Este método de lectura constituye además una oportunidad pedagógica: enseñar Malvinas es también enseñar a los chicos cómo sabemos lo que sabemos acerca del pasado.
La historieta traduce ese trabajo histórico a otro lenguaje. Los barcos, mapas, navegantes, instrumentos de navegación y paisajes funcionan como puertas de entrada para que los estudiantes conozcan personajes como Magallanes, Elcano, Esteban Gómez y Andrés de San Martín y comprendan por qué aquellos hombres atravesaron el Atlántico, qué eran las Molucas, por qué las especias tenían tanta importancia, cómo se calculaba una posición en alta mar y de qué manera la información obtenida durante una expedición terminaba incorporándose a una carta náutica. En el caso de Esteban Gómez, por ejemplo, la propia historiografía presenta interpretaciones diferentes sobre su intervención concreta en el primer avistamiento; lo que sí se encuentra documentado es su condición de piloto de la expedición, su participación a bordo de la San Antonio y la temprana aparición posterior de las islas australes en la cartografía.
Islas del principio del mundo será una serie. Esta primera historieta abre un recorrido que continuará con las exploraciones posteriores, la presencia francesa y la fundación de Port Louis, la transferencia a España y Puerto Soledad, la instalación británica en Puerto Egmont, la crisis hispano-británica de 1770-1771, la retirada británica de 1774, la administración española, la sucesión de derechos después de la independencia, los actos de gobierno de las Provincias Unidas, 1820, Vernet, la ocupación británica de 1833, el reclamo diplomático argentino, las Naciones Unidas y, finalmente, el conflicto de 1982 y la Cuestión Malvinas contemporánea. Cada entrega buscará mantener el mismo criterio: narrar de manera sencilla sin simplificar la Historia hasta deformarla.
El ciclo está pensado especialmente para que los docentes puedan llevarlo al aula. No busca sustituir un manual, una fuente primaria ni una investigación académica, sino ofrecer un primer encuentro capaz de despertar preguntas. Detrás de las acuarelas y las viñetas se encuentran los trabajos de Muñoz Azpiri, Laguarda Trías, Destéfani y Arnaud; el manuscrito de André Thevet; la cartografía de Reinel, Ribero y Santa Cruz; y la documentación histórica y diplomática argentina. La evidencia disponible muestra, al menos, que el conocimiento europeo de islas en esta región del Atlántico Sur es muy anterior a los avistamientos británicos de fines del siglo XVI.
Ese es, finalmente, el sentido de Islas del principio del mundo: recuperar para las nuevas generaciones una historia de Malvinas de más de quinientos años. Una historia hecha de mares y mapas, expediciones y documentos, asentamientos y gobiernos, conflictos diplomáticos y construcciones jurídicas. Porque antes de explicar por qué las Malvinas siguen ocupando un lugar central en la memoria y en la política exterior argentina, hay una pregunta todavía más elemental que merece llegar a cada aula: ¿cuánto conocemos realmente de los cinco siglos de historia que hay detrás de las islas?
