El informe del Observatorio Económico Social de la UNR reconstruye la evolución de la formalidad laboral en Argentina durante casi una década y revela las particularidades del mercado de trabajo del Gran Rosario, donde la formalidad supera el promedio nacional, pero crece el cuentapropismo.

El Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario presentó un informe que analiza la evolución de la formalidad laboral en Argentina durante casi una década. El estudio, titulado “Formalidad laboral argentina: una historia alternativa creíble”, reconstruye la trayectoria del empleo formal e informal y permite identificar algunas características particulares del mercado laboral en Rosario y sus alrededores.

Uno de los principales resultados del trabajo es que el Gran Rosario presenta niveles de formalidad superiores al promedio nacional. Sin embargo, esta mejor posición se encuentra acompañada por una transformación en la estructura del empleo: durante los últimos años creció de manera significativa la participación de los trabajadores por cuenta propia, una categoría que históricamente registra mayores niveles de informalidad.

Durante el primer trimestre de 2026, la informalidad laboral alcanzó al 44,2% de las personas ocupadas a nivel nacional. Sin embargo, el dato general oculta diferencias importantes según la categoría ocupacional. Mientras que entre los trabajadores asalariados la informalidad alcanzó aproximadamente al 38%, entre los cuentapropistas llegó al 65%.

“La informalidad no es un problema del empleo en general: se concentra en cómo te insertás”, explicó Germán Tessmer, director del Observatorio Económico Social de la UNR.

Rosario, por encima del promedio nacional

En el caso del Gran Rosario, durante el primer trimestre de 2026 la tasa de formalidad alcanzó el 59,1% de las personas ocupadas, 3,4 puntos porcentuales por encima del promedio nacional.

Esta diferencia a favor de Rosario no constituye un fenómeno reciente. Al comienzo de la serie analizada, correspondiente al cuarto trimestre de 2016, la brecha frente al promedio nacional era de apenas 1,3 puntos porcentuales. Con el paso de los años, la brecha pasó a un promedio de 2,7 en toda la década y 3,4 puntos hoy.

El mejor desempeño del aglomerado rosarino, sin embargo, estuvo acompañado por cambios en la composición del empleo. Entre el tercer trimestre de 2017 y el mismo período de 2025, los trabajadores por cuenta propia pasaron de representar el 22,3% al 27,7% de los ocupados del Gran Rosario. En el mismo período, la participación del empleo asalariado descendió del 74,9% al 68,4%.

De esta manera, Rosario terminó registrando una proporción de cuentapropistas superior a la del conjunto de los principales aglomerados urbanos del país, donde alcanzó el 24,5%.

“En Rosario el cuentapropismo fue creciendo, con una presencia femenina que ya era alta, y es un cuentapropismo más formal que el del promedio del país”, señaló Tessmer.

El crecimiento del cuentapropismo femenino fue particularmente significativo. En la última década, a nivel nacional, la proporción de mujeres dentro de esta categoría pasó del 34% al 41,5%. En el caso de Rosario, las mujeres ya eran el 39,4% de los cuentapropistas en 2016, y hoy son el 42,5%. “Rosario se anticipó en esta cuestión”, marcó el investigador. 

La situación es diferente entre los jóvenes. Entre quienes tienen entre 19 y 25 años, a nivel nacional la formalidad descendió del 43,5% al 34,8% durante los últimos diez años, lo que evidencia las dificultades que enfrenta este grupo para acceder al mercado laboral formal.

El cuentapropismo y la informalidad

La relación entre cuentapropismo e informalidad resulta central para comprender parte de las transformaciones observadas. A nivel nacional, aproximadamente el 65% de los trabajadores por cuenta propia son informales. Sin embargo, el 35% restante se encuentra formalizado y cuenta con cobertura y condiciones laborales asociadas a esa situación.

“La idea que tenemos sobre un trabajo precarizado, de baja productividad, irregular y con baja cobertura de derechos laborales, se da en buena medida, pero existe otro universo, que representa el 35% restante, que está formalizado y que, por ende, tiene cobertura”, detalló el especialista.

En el Gran Rosario, durante el primer trimestre de 2026, la informalidad alcanzó al 36,1% de los trabajadores asalariados, mientras que entre los trabajadores por cuenta propia la proporción llegó al 56,8%.

El informe también advierte sobre la relación entre informalidad y pobreza. Según los datos analizados, en el último trimestre del 2025, el 34,3% de los trabajadores informales vivía en un hogar pobre, contra el 10% de los formales.

A su vez, el estudio muestra que el territorio constituye una variable relevante para explicar las diferencias en los niveles de formalidad, junto con factores como la educación y la edad. Entre los 32 aglomerados urbanos analizados, Ushuaia – Río Grande presenta el mayor nivel de formalidad laboral, con el 82%, mientras que el Gran San Juan se encuentra en el extremo opuesto, con apenas el 39%. Rosario, con el 59,1%, se ubica por encima de la mitad de la tabla.

Una “zona gris” en el mercado laboral

El estudio también incorpora el análisis de una denominada “zona gris”, que comprende aquellas situaciones en las que la condición laboral de una persona no coincide con el nivel de formalidad del establecimiento en el que trabaja.

“Son trabajadores informales que trabajan para empresas o instituciones formales. Hace aproximadamente un año que disponemos de mediciones directas, y muestran que es una porción importante de la informalidad”, explicó Tessmer.

En Rosario, esta situación alcanzó al 12,3% de las personas ocupadas durante el primer trimestre de 2026. El dato permite poner el foco sobre determinadas actividades económicas que concentran mayores niveles de informalidad. Por rama de actividad, la informalidad se concentra en el servicio doméstico y la construcción, mientras que la educación y la salud son las más formales.

Para Tessmer, la informalidad atraviesa a trabajadores de distintas edades, aunque su mayor incidencia se concentra entre los jóvenes. “No hay mucha novedad en esto, ni en Argentina ni en Latinoamérica, lo que pasa es que se está agravando cada vez más”, sostuvo.

En este sentido, el principal problema se encuentra en las dificultades que enfrentan las personas jóvenes para acceder a su primer empleo formal. “Es como ver un choque en cámara lenta, porque no estoy contando nada nuevo. El problema es que se agrava”, afirmó.

El investigador también advirtió que una primera inserción laboral informal puede condicionar las posibilidades futuras de acceder a un empleo registrado. “Un joven que arranca en un empleo informal y sigue así en uno o dos trabajos más tiende a quedar atrapado: la probabilidad de dar el salto al empleo formal se vuelve muy baja”, explicó.

Según Tessmer, esta situación puede convertirse en un círculo vicioso que se prolonga a lo largo de las trayectorias laborales. “Vamos a tener generaciones y generaciones de personas que efectivamente trabajaron, pero que no hicieron o se vieron imposibilitadas de realizar aportes jubilatorios ni tuvieron obra social”, señaló.

En ese sentido, remarcó que la falta de cobertura puede hacer que una enfermedad implique mayores costos para los trabajadores informales e incluso poner en riesgo la continuidad de su actividad laboral, profundizando las dificultades para abandonar la informalidad.

Un cambio en la metodología de medición

Una de las particularidades del informe está vinculada con la metodología utilizada para medir la formalidad laboral. Según explicó Tessmer, el trabajo parte de un cambio introducido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en la forma de medir la formalidad y la informalidad.

“Hace un año INDEC cambió la metodología de medición de formalidad e informalidad laboral, la empezó a medir directamente. Antes no se hacía así, sino que cuando todos hablábamos de si subió o bajó la formalidad, lo único que se veía eran las y los asalariados. O sea, no veías la totalidad del universo de ocupados”, explicó.

De esta manera, las mediciones anteriores dejaban fuera a patrones y trabajadores por cuenta propia. “Siempre se tenía una idea del cuentapropista como alguien informal, pero no se tenía una medición exacta”, sostuvo el investigador.

La metodología utilizada para determinar la formalidad laboral toma como referencia criterios consensuados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Se trata de medidas aproximadas o proxy que utilizan diferentes indicadores según la categoría ocupacional.

“En el agregado estadístico, el asalariado que reporta descuento jubilatorio se lo considera formal. Al cuentapropista, en cambio, esa pregunta no se le hacía, así que quedaba sin medir. Y hay un caso intermedio: el asalariado al que le piden que facture como monotributista. Aporta a través del monotributo, no le descuentan nada del sueldo, y por eso la medición por descuento jubilatorio lo registraba como informal”, explicó Tessmer.

Por este motivo, para analizar a los trabajadores por cuenta propia se incorporan otras variables vinculadas con la unidad económica en la que desarrollan su actividad. “La aproximación para medir a este universo de personas es por la unidad económica, por la empresa, por la organización. Ahí se suman otras variables, como si factura y, en caso de no facturar, si consume servicios contables. Entonces, con eso tenés todo el universo”, detalló.

Una reconstrucción de casi una década

La investigación partió de las bases de datos públicas del INDEC, cuyo procesamiento permitió identificar algunas inconsistencias, en su mayoría vinculadas con discrepancias entre los datos y el manual de variables del propio organismo. Para resolverlas y armonizar la información, el equipo construyó un conjunto de datos depurado que actualmente se encuentra disponible en el Dataverse de la UNR, con el objetivo de facilitar su reutilización por parte de otros investigadores.

“La información se encuentra codificada por cuestiones técnicas y de optimización del espacio, algo habitual en este tipo de bases de datos. A partir de ese análisis, se identificaron alrededor de 130 problemas, de los cuales unos 120 eran relativamente sencillos de detectar, aunque suficientes para generar inconsistencias entre el manual y las bases”, explicó Tessmer.

A partir de estos hallazgos, el investigador y su compañera, Bárbara Boggiano, comenzaron a trabajar en la armonización de las bases de datos y en la comparación entre la metodología anterior y la nueva. Ese proceso abrió la posibilidad de realizar una reconstrucción retrospectiva que permitiera estimar la evolución de la formalidad laboral en los años previos.

El trabajo se extendió durante aproximadamente ocho meses e implicó probar distintos modelos y combinaciones, además de tomar numerosas decisiones metodológicas para construir una serie que resultara creíble, consistente y estadísticamente sólida.

El objetivo final fue reconstruir, con la mayor precisión posible, la evolución de la formalidad laboral en Argentina durante aproximadamente la última década y, a partir de esa trayectoria, identificar las particularidades que presenta el mercado laboral del Gran Rosario.

El informe completo está disponible en el Repositorio Hipermedial de la UNR para su lectura completa y su nota de presentación en el portal de la UNR. Además, se puede acceder al paper original de la investigación de Tessmer y Boggiano. 

Periodista: Gonzalo J. García / Fotógrafa: Camila Casero.