Investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas estudiaron los índices de recuperación, empleo y cambios productivos de los últimos años.
La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión que transformó la vida social, política y económica en todo el mundo. En términos económicos significó un fuerte golpe que afectó los mercados mundiales, nacionales, regionales y locales. Un equipo del Instituto de Investigaciones Económicas perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional del Rosario analizó la evolución del nivel de actividad y el empleo registrado en la ciudad y alrededores en los años posteriores a la pandemia de Covid19.
“Nos propusimos analizar qué impactos económicos produjo la pandemia en Rosario y la región, qué sectores y actividades fueron los más afectados, si hubo transformaciones productivas o no, cómo evolucionó la economía después y cómo fue esa recuperación”, detalló la investigadora María Fernanda Ghilardi.
El Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística monitorea desde hace años la evolución de la economía de Rosario y su área metropolitana a través de distintas herramientas cuantitativas. Entre ellas se destacan, por un lado, la estimación del Producto Bruto Geográfico y, por otro, la elaboración del Indicador Sintético de Actividad de la Región Rosario (ISARR), un instrumento que busca captar la dinámica del ciclo económico regional. Este último es desarrollado por el investigador Hernán Lapelle, integrante del Instituto. “A diferencia del Producto Bruto, donde a veces existe más rezago en cuanto a la actualización de información, el Indicador Sintético permite tener una referencia de base mensual, que a veces es más útil para los actores que requieren de la información económica con mayor celeridad”, explicó Ghilardi.

Además de estas herramientas, los investigadores cuentan con los datos de facturación que publica la Municipalidad de Rosario. A partir de todos estos indicadores, Ghilardi aseguró que desde un punto de vista del ciclo económico, la pandemia vino a profundizar una recesión que arranca en la ciudad desde comienzos de 2018 y se extiende al año siguiente. “Luego vemos una recuperación post pandemia, donde en 2022 se puede observar que el Producto Bruto ya se ubicaba por encima de los niveles pre pandemia. Lo que sucede es que en ese año y el siguiente fueron condicionados por la aceleración inflacionaria, que si bien fueron años de aumento de nivel de actividad, la inflación y los desequilibrios macroeconómicos por las restricciones en el mercado de cambios derivaron en una devaluación del peso al comenzar el nuevo Gobierno en diciembre de 2023. Ello significó un nuevo quiebre en el desempeño económico de la ciudad”.
La investigadora señaló que la caída de la actividad económica durante 2024 fue particularmente marcada en Rosario y su área metropolitana, con un desempeño considerablemente peor que el promedio nacional. Si se observa el indicador de facturación de la ciudad, durante 2024 se registró una contracción del 16,8%, mientras que a nivel país la caída fue mucho menor. En ese sentido, recordó que el indicador nacional de referencia es el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), mostró una baja del 1,3% en el mismo período.
De acuerdo con la especialista, el impacto posterior a la devaluación de 2024 se sintió con mayor intensidad en Rosario y el Gran Rosario que en el promedio del país. Incluso durante 2025 la recuperación económica muestra diferencias: mientras que a nivel nacional el EMAE registró un crecimiento cercano al 4,4%, el indicador de facturación local continuó en terreno negativo (-2,9)%). Para Ghilardi, esta brecha evidencia que la recuperación no está siendo homogénea entre los distintos territorios y que la economía rosarina aún atraviesa un proceso de ajuste más prolongado.
Asimismo, explicó que la diferencia entre los datos locales y nacionales responde a dos factores. Por un lado, que los indicadores no miden exactamente lo mismo. “Nosotros para 2025 no tenemos aún disponible el Producto bruto, tenemos solo el indicador de facturación y eso es como si midieras ventas, en términos reales”, señaló. En ese sentido, aclaró que “ventas no es lo mismo que valor agregado”, ya que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el INDEC refleja la evolución del producto bruto interno, mientras que el indicador que publica el Centro de Información Económica (CIE) de la Municipalidad de Rosario mide facturación real, es decir, ventas sin el efecto inflacionario. “Es una evolución en términos reales, pero es un indicador diferente”, sintetizó.
Al mismo tiempo, la investigadora señaló que también existen diferencias territoriales en el desempeño económico del país. “Hoy hay regiones ganadoras y perdedoras. Hay sectores que están creciendo significativamente y desde hace bastante tiempo”, como la minería y el petróleo asociado al desarrollo de Vaca Muerta. En el caso de Rosario, explicó que la actividad económica muestra una “caída sistemática” desde fines de 2023 hasta mediados de 2025, aunque desde el año pasado comenzó a observarse una leve mejora. Sin embargo, advirtió que la ciudad todavía no recupera los niveles de actividad de 2022 y 2023, y que la recuperación es desigual entre sectores: el consumo continúa débil (con el comercio en baja y la industria todavía en terreno negativo) mientras que la construcción evidenció una reactivación significativa durante el año 2025.
Un mercado laboral con tensiones
Respecto al empleo, Ghilardi resaltó que lo que se puede observar hasta octubre del año pasado es que en Rosario no se registra destrucción de empleo si se toma de base el indicador de empleo registrado de la Secretaría de Trabajo de la Nación. Eso es consistente con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares dónde la tasa de empleo mostró un incremento interanual en el cuarto trimestre del año pasado. “Sin embargo la tasa de desocupación está aumentando. En el Primer Trimestre de 2026 la tasa de desocupación fue de 8,2%, cuando en el último trimestre del año pasado era de 6,5% de la Población económicamente activa. En este último caso el incremento de la desocupación se dió fundamentalmente por una caída en la tasa de empleo (población ocupada dividida la población total)”.
Más allá de dicha situación hay tendencias estructurales en el mercado laboral de la región. En ese sentido señaló, el incremento de la proporción del empleo por cuenta propia en detrimento de la proporción de asalariados, el aumento en la participación del empleo en sectores como construcción y servicio doméstico y un mayor peso relativo del empleo informal. En el Gran Rosario el empleo informal representó en el primer trimestre de 2026 un 38,2% del total de asalariados.
En ese contexto, manifestó que los procesos de reconversión laboral son cada vez más complejos, atravesados por el avance de las nuevas tecnologías y por transformaciones recientes en las formas de trabajo, algunas de las cuales se profundizaron a partir de la pandemia, como el trabajo remoto, las actividades freelance y el empleo a través de plataformas digitales.




Transformaciones productivas y digitalización: el nuevo escenario económico
De cara al futuro, Ghilardi señaló que uno de los principales desafíos será analizar con mayor profundidad las transformaciones productivas que atravesó la economía local en los últimos años, algunas de ellas aceleradas por la pandemia. “El desafío también pasa por ver cómo impactan estas cuestiones vinculadas a la digitalización y la irrupción de la IA”, en la estructura productiva de la ciudad. En el caso del sector comercial, advertimos, en un trabajo reciente, una disminución de la participación del distrito centro en la facturación total de dicho sector, un fenómeno en el que, pueden estar impactando cambios en los hábitos de consumo y también una mayor apertura de la economía desde el 2024 en adelante.
Los cambios en el régimen macroeconómico y los cambios tecnológicos plantean hoy interrogantes respecto a qué sectores y actividades pueden convertirse en motor del crecimiento y el desarrollo de la ciudad. Si bien en los años recientes, se observa una reactivación de algunos servicios muy afectados en la pandemia, como el sector hotelero, la gastronomía, los servicios artísticos, culturales y deportivos, los servicios inmobiliarios y, en el último año, la construcción ello aún resulta insuficiente para compensar los efectos de un consumo, aún retraído, y la menor actividad industrial.
Periodista: Gonzalo J. García
