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El Parque Villarino es un lugar de estudio e investigación científica, representando un espacio mágico y único que fomenta la conexión con la naturaleza y el cuidado de los recursos naturales.

A 22 kilómetros al sur de Rosario emerge una joya natural: el Parque Villarino, una reserva única en la región. Este espacio cautiva a visitantes con su belleza serena y diversidad de actividades, desde paseos recreativos hasta investigaciones científicas.

El Parque Villarino, ubicado en la localidad de Zavalla, cuenta con 510 hectáreas. José Victor Villarino, en el año 1925, designó a su hermana Joaquina para hacer cumplir su testamento, en el cual dejaba de herencia todas sus hectáreas para que pasen 100 hectáreas al gobierno nacional y se realice allí un colegio nacional y un campo experimental.

Actualmente se encuentran radicadas la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad  Nacional de Rosario, la Escuela de educación primaria N.º 6371 y una de las sedes del Jardín 280.

“José falleció en 1928 y luego falleció Mercedes, una de sus dos hermanas, quedando como única heredera Joaquina. Esta última hace voluntad de este legado, y a partir de 1938, considera apropiado ejecutar el deseo de su hermano. Le propone al Presidente Jorge Ortíz otorgarle 100 hectáreas para que se comience a realizar un parque”, detalló Emanuel Ceaglio, quien trabaja dentro de la Dirección del Campo Experimental, que abarca tanto el mantenimiento del Parque Villarino, como así también, la producción del mismo.

Joaquina Villarino solicitó también que se construya un colegio primario para los hijos de los productores agrarios de la zona. “El gobierno también aceptó esas condiciones, fue instalada en el lugar que hoy se encuentra la Facultad de Ciencias Agrarias. Ese colegio se volvió a construir en otro sitio del Parque Villarino”.

Su intenso color verde en primavera y verano, pasando por su coloración bien rojiza y amarillenta en otoño, hasta llegar a poder observar todo lo que hay detrás de las hojas en invierno, hacen de este lugar un espacio mágico y realmente único. “Si le tuviera que explicar a alguien que no lo conoce, le diría que es un lugar que te hace despertar una curiosidad en la naturaleza, de disfrutar de ella y del sentido del cuidado de nuestros recursos naturales”, consideró Ceaglio.

El diseño del Parque fue realizado por profesionales del Ministerio de Agricultura de la Nación en 1939. “Cuando uno lo ve desde la altura, ya sea en imágenes satelitales o los mismos planos, se coincide popularmente en que se parece a una mariposa. El Parque tiene una arteria principal, rodeada de plátanos de más de ochenta años, y divide la zona en dos. El ingreso da a la ruta 33 y se dirige al edificio de la Facultad de Ciencias Agrarias”.

La carrera de Ciencias Agrarias comenzó en el año 1967, pero esta se dictaba en la ciudad de Rosario enteramente. Recién en 1973 se les permitió a algunos estudiantes avanzados acercarse al Parque Villarino para realizar algunas prácticas. Sin embargo, el uso y goce del espacio la Facultad lo tiene recién a mediados de 1978, mientras que en 1994, la Facultad se mudó permanentemente a este espacio.

La historia completa del predio se puede encontrar en el ciclo audiovisual Historias Mínimas UNR, una serie de micro-documentales que se publica asiduamente en la cuenta oficial de Instagram de la Universidad (@UNRoficial) que busca recuperar curiosidades, personajes e historias constitutivas de las facultades y escuelas de la Universidad pública de Rosario.

 Un tesoro natural protegido

En el año 2011, el Consejo Directivo de la Facultad designó al Parque como un área protegida por su importancia natural. Al año siguiente, el Consejo Superior de la UNR refrenda esta medida y se transforma en área de importancia natural y cultural. “Aquí se reconoce lo natural y también el valor de interacción de las personas dentro de este espacio. Que hoy sea un área protegida es fundamental para rescatar la función de resguardo de este espacio natural, como lo quería José Victor Villarino”, sostuvo Graciela Klekailo, docente de la Cátedra de Ecología de la Conservación.

Las áreas protegidas son espacios que designa la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como sitios donde se resguarda un valor de importancia con un ecosistema particular. “La importancia debe ser gestionada a largo plazo. En este caso en particular, existe una comisión del Parque que se ocupa de la gestión del área protegida y tiene valores de conservación que están identificados, lo que le da la importancia a perpetuidad. Es importante porque conserva especies propias del pastizal pampeano, que incluso incluye especies que ya no se encuentran en su hábitat natural”.

Este espacio está dividido en 28 sectores, limitados por arboledas alineadas, por lo que toda la plantación está planificada en detalle. “En cuestión de mantenimiento, lo que más lleva es el corte del césped, por lo que tenemos maquinarias precisas para los distintos sectores. La poda de los árboles es algo muy limitado, solamente lo hacemos con los que bloquean los caminos, al resto los dejamos intactos”, subrayó Ceaglio y agregó: “El 17 por ciento de las especies de este parque son nativas como el jacarandá y el ceibo. Sin embargo, la predominancia está en especies exóticas, como por ejemplo el plátano, cedros, pinos y palmeras”. 

Frente a las posibles plagas para la vegetación, los profesionales hacen un trabajo manual para que no se expandan. “Por ejemplo el clavel del aire, la barba del diablo o del viejo, entre otras, hacemos un trabajo fino para que no invadan los ejemplares que se encuentran en el Parque”, detalló.  

“Acá tenemos una diversidad importante de fauna en lo que respecta a aves y mamíferos. Tenemos 95 especies diferentes de aves en total, lo que representa un 20 por ciento de las especies de aves de la Provincia de Santa Fe. Por lo tanto, el Parque representa un reservorio importante para las aves que no encuentran refugio en la matriz agrícola”, explicó Julia Gastaudo, Licenciada en Recursos Naturales y quién es docente en la cátedra de Zoología General y de Climatología Agrícola.

Esto es importante tanto para especies residentes (como lo son las lechuzas de campanario, cotorras, zorzales, entre otros) y para especies migrantes (tijereta, golondrina, etc). “Tenemos especies raras, que ahora se comenzaron a ver en el Parque, como el anambé negro, lo que destaca la importancia de este espacio”.

En cuanto a los mamíferos, se encontraron a través de registros indirectos, huellas de zorros y comadrejas, pero lo que más se trabaja es en la presencia de murciélagos. “Se registraron dos especies de murciélagos, lo que representa un 40 por ciento de la cantidad que conviven en Santa Fe”, puntualizó Gastaudo.

Además, el Parque tiene unas 160 especies de vegetación distintas, lo que habla de la variedad y el refugio natural que representa este espacio. “En sus comienzos se trajo vegetación exótica de distintas partes del mundo. Estas conviven muy bien con especies nativas como el ceibo o los lapachos. Sin embargo, en la reorganización del Parque siempre priorizamos desde hace un tiempo las especies nativas. Buscamos hacer un análisis en cada movimiento que realizamos, porque las especies nativas ayudan a mantener el ecosistema y son muy benéficas para potenciar la biodiversidad”, añadió Débora Chamorro, ingeniera agrónoma y docente de la cátedra de Botánica.

La Facultad cuenta con un Herbario donde se almacenan las plantas disecadas y una colección biológica. “Documentamos todas las especies que tenemos, son datos muy importantes para la investigación, para docencia, y para el desarrollo mismo de la Facultad”, destacó Chamorro, quien actualmente también es la encargada de este espacio de la Facultad donde se hace el mantenimiento de la colección biológicas de planta y de invertebrados menores.  

Entre las actividades que se realizan y son frecuentes dentro de este parque se pueden mencionar la investigación, gestión, extensión, trabajos prácticos de asignaturas, tesinas de grados o de nivel doctoral, y también actividades más culturales como la habitual maratón que se realiza año a año. “Más allá de todo lo que vincula a la Facultad, es un espacio para toda la comunidad. Todo es posible ya que es un área protegida”, indicó Klekailo.

Periodista: Gonzalo J. García / Fotógrafa: Camila Casero

Producción de Historias Mínimas: Sofía López King/Karen Roeschlin