Investigadores del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina compartieron las vivencias de la expedición en Mar del Plata, durante el X Congreso de Comunicación Pública de la Ciencia realizado en la UNR.

En el marco del X Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y Tecnología (COPUCI) realizado en la UNR, se presentó “Comunicar ciencia desde el fondo del mar”, una crónica viva de la histórica expedición oceanográfica conjunta entre el Schmidt Ocean Institute y el Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA – CONICET). Lo que nació como una campaña científica bautizada “Talud IV” terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural y político que sacudió las plataformas digitales y las lógicas de la divulgación tradicional.

La apertura del panel estuvo marcada por la emotividad y la urgencia coyuntural. El Concejo Municipal de Rosario, representado por su presidenta María Eugenia Schmuck, declaró visitantes distinguidos a los doctores Daniel Lauretta, Emiliano Ocampo y a la magíster Nadia Cerino.

“Ustedes se animaron a hacer algo que no había hecho nadie: meterse hasta el fondo del mar argentino y comunicarlo en tiempo real, en un lenguaje tan popular que nos quedábamos en grupos de WhatsApp comentando el streaming a la madrugada”, destacó Schmuck, vinculando el hito con la necesidad de concebir al conocimiento como una inversión estratégica indiscutible.

A su turno, el Rector de la UNR y presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, Franco Bartolacci, ofreció un discurso de fuerte corte institucional.  “Lo de ustedes fue un salvavidas, un auxilio en el momento en que más lo necesitábamos”, afirmó, contextualizando la crisis que atraviesa el sistema de educación superior y científico, hoy relegado a los mínimos históricos del 0,4% del PIB en educación superior y el 0,16% en ciencia. “Frente al desfinanciamiento malintencionado que busca generar un manto de sospecha para justificar el ajuste, estas experiencias resguardan el prestigio que nos sostiene ante la sociedad”.

La mesa se completó con la perspectiva de las ciencias sociales. Las doctoras María Itatí Rodríguez y Adriana Carísimo, investigadoras y comunicadoras de la Universidad Nacional de Misiones, presentaron los primeros resultados de un riguroso estudio interdisciplinario que analiza la “cocina” y el impacto de las transmisiones de la campaña realizada entre julio y agosto del año pasado.

Los números provistos por el canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute exponen una escala nunca antes vista para el organismo internacional: 245 horas de transmisión en vivo continuas en tiempo real y 18 millones de visualizaciones agregadas a lo largo de las 34 transmisiones de la campaña. El pico de espectadores concurrentes fue de 93.000 usuarios en simultáneo, una cifra comparable a “un estadio de River Plate lleno”. El canal pasó de 57.000 suscriptores a más de 600.000 al cierre de la expedición. Cabe destacar que el 84% de las visualizaciones provinieron de Argentina, seguidas por España y un bloque latinoamericano.

“El streaming se metió de lleno en el consumo cultural de los argentinos”, explicó Rodríguez. “A diferencia de lo que dicta la literatura comercial sobre los contenidos cortos, aquí hubo una retención de horas. La gente no solo vio el resultado final; vio el proceso de investigación, las discusiones, los errores y la trastienda de cómo se hace ciencia”. Fiel reflejo de esto fue el segmento demográfico dominante: jóvenes de entre 25 y 44 años (que acumularon el 62% del total), con un sorpresivo pero marcado predominio del público femenino.

La pasión de los tripulantes

Al tomar la palabra, los científicos coincidieron en que carecían de herramientas formales de comunicación previas a subirse al buque. Emiliano Ocampo relató su experiencia organizando eventos locales como el “Pint of Science” en Mar del Plata, pero admitió que la escala de la campaña lo desbordó. “Trabajábamos en el turno noche, arrancando a la una de la mañana hasta las nueve o diez. Fisiológicamente estábamos mal dormidos, medio zombis, y en ese estado agarrábamos el micrófono y decíamos lo que queríamos con genuina pasión”.

Nadia Cerino (conocida en redes como Nadia Coralina) sumó que la química interna del grupo fue clave: “Trabajamos juntos en el GEMPA desde hace diez años. Esa complicidad se transmitía. El micrófono siempre estaba abierto; la gente escuchaba nuestros chistes, nuestros asombros al ver animales que jamás imaginamos”. Cerino recordó con emoción los mensajes de niños fascinados, como el caso de Pedro, un chico de 11 años que les escribió para saber qué tenía que estudiar para hacer lo mismo.

Desde Buenos Aires, Daniel Lauretta, especialista en anémonas y corales del Museo Bernardino Rivadavia, remarcó la importancia histórica del financiamiento estatal: “Todo el origen del GEMPA se dio gracias a las campañas financiadas por el CONICET en 2012 y 2013. Sin ese capital científico inicial, el Schmidt Ocean Institute jamás se habría interesado en cedernos el barco”.

Lauretta confesó que al regresar a tierra la timidez habitual de los laboratorios chocó con la realidad: “En el museo le ganamos en popularidad a los dinosaurios, los vecinos me saludaban en el colectivo. Es extraño para nosotros, pero sirvió para cambiar la percepción pública: ahora la gente sabe que el fondo de nuestro mar no es un desierto vacío, está lleno de vida”.

El panel cerró exponiendo las conclusiones de una encuesta realizada a los 19 tripulantes científicos de la expedición. Los datos arrojaron una tensión inherente a la práctica académica actual: si bien los investigadores valoran profundamente el impacto social de la divulgación, sienten que el tiempo dedicado a comunicar “se le resta” a la producción de papers, el indicador tradicional de exigencia del CONICET.

Sin embargo, frente al escenario de ajuste, la experiencia de “Talud IV” demostró que la comunicación pública de la ciencia dejó de ser un accesorio secundario para convertirse en la primera línea de defensa institucional. Como sintetizó Ocampo hacia el final del encuentro: “Descubrí que mostrar lo que hacemos es un equilibrio perfecto y vital. Si la comunidad no entiende qué investigamos en el fondo del mar, cualquiera puede venir a decir que lo que hacemos no tiene valor”.

Periodista: Victoria Arrabal/Fotógrafa: Karen Roeschlin