El inicio de la guerra genera consecuencias inmediatas a nivel regional y reconfigura el tablero global.

El último día de febrero se inició un nuevo conflicto bélico que paralizó al mundo, a partir de una serie de bombardeos aéreos sobre varias ciudades de Irán llevados a cabo por Estados Unidos e Israel. En respuesta, Irán lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses ubicadas en Bahréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak. Rubén Paredes, investigador y docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, y director del Instituto de Estudios del Mundo Árabe e Islámico, analizó el trasfondo de este conflicto y sus posibles consecuencias.

“Este conflicto tiene una particularidad y es que tuvo una antesala previa el año pasado, en el mes de junio, cuando se realizaron los ataques mutuos entre Israel e Irán. Dio lugar a lo que se conoció como la guerra de los doce días, que llamó al mundo la atención del mundo porque fue una intervención que llevó adelante sin ningún tipo de previsión por parte del sistema internacional donde Estados Unidos realizó un ataque denominado Operación Martillo de Medianoche, que golpeó claramente a Irán, específicamente en aquellos lugares que se consideraban donde se estaba llevando adelante el enriquecimiento de uranio para supuestamente fines militares”, explicó el investigador. 

En ese contexto, Irán sostenía que no realizaba enriquecimiento de uranio con ese fin, sino con fines civiles.”A partir de ahí, Irán quedó totalmente libre para no tener ningún tipo de inspección de sus bases nucleares. La Agencia Internacional de Energía Atómica, organismo dependiente de Naciones Unidas, no pudo volver a ingresar al terreno y comprobar in situ si esto estaba ocurriendo de manera fehaciente. Se generó una situación claramente de interrogantes para la comunidad internacional”.

Israel sostuvo de que se debía continuar con los ataques, aunque  la administración Trump no le estaba dando el aval porque se estaba centrando exclusivamente en cuestiones de naturaleza comercial, imponiendo aranceles y negociando. Hasta que se produce la intervención de Estados Unidos en Venezuela, donde Estados Unidos demostró al mundo un despliegue militar y el impacto de su fuerza en ciberseguridad. “Días previos, el 28 de diciembre, se inicia en Irán un conjunto de movilizaciones que demuestran la crisis que atraviesa ese país. “Una de ellas es el divorcio entre el régimen de los ayatollah con la propia población. Otra crisis que se ve claramente es el malestar económico que está atravesando Irán con la devaluación de su moneda. Y que llevó por primera vez al denominado bazar, que es el sector de los comerciantes de Irán, a hacer movilizaciones en contra de lo que es el régimen. También frente a la situación de imprevisión que se estaba viviendo como consecuencia del aumento de precios”, precisó y añadió: “A esas movilizaciones se le fueron sumando otros sectores de la sociedad disconformes con el régimen, como por ejemplo los jóvenes o las mujeres, que previamente se habían manifestado en el año 2022, que hicieron que esas protestas fueran masivas y que obviamente empezaron a ser reprimidas”.

El Estrecho de Ormuz se ubica como un espacio geográfico clave en este conflicto.

Cuando comenzó la represión, la administración de Trump manifestó que no iba a permitir que el propio régimen iraní llevara adelante una unidad de fuerza sobre sus propios habitantes, por los que iba a interceder para ayudarlos. “El tema es que cuando la represión se hizo muy fuerte en Irán, los días 7 y 8 de enero de este año, Estados Unidos no contaba con el régimen militar en la región del Medio Oriente para poder defender a esa población, por lo que actuó recién a finales de febrero. Previamente a los ataques hubo una visita por parte del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu a la Casa Blanca, aunque se desconocieron cuáles fueron los temas que se abordaron en esa reunión. Todo indicaría que fue a negociar el ataque teniendo en cuenta que los servicios de inteligencia norteamericanos”.

 Paredes marcó que no hay que perder de vista una situación clave: frente a la represión anteriormente relatada, Irán aceptó negociar por vía de un mediador en la región del Medio Oriente que es Oman. Y ocurrieron tres reuniones, siendo la tercera el 26 de febrero en Ginebra, es decir, dos días antes del inicio armado. “Allí, se consideró por parte de los Estados Unidos que no había una predisposición por parte de Irán a negociar la cuestión nuclear.  Claramente Estados Unidos tenía una postura maximalista que se traducía en poner fin al desarrollo nuclear en Irán, poner fin al sistema misilístico, y que Irán deje de sostener actores regionales como Hezbollah, como los hutíes en Yemen o Hamas.  A estas dos últimas cuestiones Irán dijo que no y que sí estaba dispuesta a negociar la cuestión nuclear. El tema es que para Estados Unidos la cuestión nuclear implicaba firmar un acuerdo in eternum de que Irán nunca iba a tener que enriquecer uranio, mientras que Irán sostenía de que podía frenar el desarrollo nuclear pero no in eternum”.

Cuando estas negociaciones caen es lo que lleva a que dos días después el mundo asista a la operación “Furia épica” que es el nombre que le puso Estados Unidos a la operación militar, iniciando lo que es la guerra con Irán. Asimismo, Israel va a plantear la operación “Rugido del león”. “Es la primera vez que un gobierno norteamericano termina plegándose totalmente a una postura de máxima que Israel mantuvo durante décadas y es terminar con el régimen de los ayatolás.  La postura de Estados Unidos siempre fue mantener una guerra soterrada, desde el punto de vista de la inteligencia, desde el punto de vista de la ciberseguridad, etc. Ahora se pliega a la posición de Israel iniciando este conflicto que hoy, o por el momento, permanece abierto”.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, murió tras un ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel, junto a otras personas del gobierno. Se estima que fallecieron en total 49 personas en ese ataque. Acto seguido se atacaron distintos lugares donde había desarrollo nuclear y destacamentos del cuerpo de guardianes de la revolución islámica, que es una rama de las Fuerzas Armadas iraníes. “Lo que sorprendió es que después de este ataque, independientemente de que generó un magnicidio dentro de Irán, se dijo que el conflicto iba a durar entre cuatro y cinco días. Estas fueron las palabras rápidas del presidente Donald Trump. Sin embargo, acto seguido se tuvo que cambiar los cuatro y cinco días por cuatro y cinco semanas”. 

¿Cuál fue el discurso oficial en un primer momento por parte de los Estados Unidos? Que se buscaba el cambio de régimen, algo que nunca se había planteado abiertamente los Estados Unidos, cosa que sí lo había hecho Israel. “Se dice que se va a dar inmunidad a todos aquellos que forman parte de la Guardia Revolucionaria, porque si le ponen las armas y no se pliegan a las decisiones del régimen iraní, iban a ser perdonados. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria terminó cerrando filas, y ese mismo día, con cuatro horas después del ataque, comenzaron las respuestas de Irán, pero que no fueron exclusivamente hacia Israel y hacia las bases norteamericanas, sino que esto involucró a países del Golfo Pérsico, sobre todo los denominados países árabes, que empezaron a recibir misiles y drones lanzados desde Irán”.

Los países árabes mantuvieron una posición hasta el momento de no entrometerse abiertamente, de condenar el ataque iraní y sobre todo reservarse la posibilidad de una respuesta en el caso de que esto siga escalando. “¿Qué buscó Irán? El dominio de la escalada, es decir, empezar a responder no centrándose en Israel y los Estados Unidos, sino entrometiendo a otros conflictos para hacer más volátil la denominada región del Medio Oriente, a lo cual le suma Chipre, le suma Turquía, le termina sumando Azerbaiyán. Tanto Israel como Estados Unidos tienen dominio militar, con el uso de la fuerza y el despliegue, pero también el dominio cibernético para poder tener un control de la situación dentro de Irán. Ante esto, Irán busca generar un efecto internacional amenazando con cerrar el Estrecho de Ormuz, el cual ya está cerrando fácticamente porque las aseguradoras de los barcos no dan prima de riesgo para que atraviesen buques de carga de petróleo y de lo que sería gas. Obviamente esto genera a nivel de economía internacional un aumento de precios de lo que es el crudo y de lo que es el gas”.

El especialista resaltó que esto afecta sobre todo a los países orientales que son los más dependientes del crudo y del gas que atraviesa la región del Medio Oriente, y específicamente lo que es el Estrecho de Ormuz. “El principal importador es China, seguido por la India. Tan solo la Unión Europea importa el 3% del crudo,  pero el problema es que ya viene teniendo una situación compleja en torno al gas y el petróleo como consecuencia de la guerra ucraniana. La economía internacional comienza a ver los efectos de este conflicto”.

Con este panorama, el precio del barril de petróleo voló por los aires, generando preocupación y prendiendo una alarma a nivel internacional porque se prevé un aceleramiento inflacionario crítico, generando una inestabilidad económica a nivel global. “El tema que también tenemos que ver es que el hecho de que el estrecho esté cerrado, lo digo entre comillas, de manera práctica, no solo es por lo que sale en materia de petróleo y de gas, sino también por los fertilizantes nitrogenados que exporta al mundo, donde nos encontramos nosotros y Brasil, que importan estos productos provenientes de la región del Medio Oriente. También tenemos que prestar atención a que los países árabes tienen inseguridad alimentaria, en el sentido de que no pueden autoabastecerse y necesitan del mundo para importar alimentos. Entonces es una forma de golpearlos y decirles que pongan presión en los Estados Unidos y en Israel para que este conflicto finalice”, concluyó.

Periodista: Gonzalo J. García