Un equipo interdisciplinario de la UNR desarrolla un dispositivo para explorar el vínculo amoroso con el libro en la primera infancia.

La lectura temprana ofrece múltiples beneficios en el desarrollo humano. Compartir historias mejora el lenguaje receptivo y expresivo, lo que impacta positivamente en la comprensión y producción de textos escritos en el futuro. Pero más allá de lo cognitivo, la lectura compartida facilita el acceso a la cultura, fortalece vínculos afectuosos con los adultos y promueve el desarrollo social, la empatía y la regulación emocional desde temprana edad.

La iniciativa “Bebés en bibliotecas” que busca propiciar el vínculo con la lectura desde el nacimiento y hasta los 3 años fue impulsada por el equipo de Desarrollo Cognitivo Infantil del IRICE (CONICET-UNR), la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez y la Dirección de Comunicación de la Ciencia de la UNR.

El proyecto, que comenzó a gestarse a principios de 2024, cuenta además con la fuerte articulación del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (IECH) y la Municipalidad de Rosario. Al frente de esta tarea se encuentran Florencia Mareovich, psicóloga e investigadora del IRICE y Belén Campero, filósofa e investigadora del IECH. Junto a Ayelén Romero, trabajadora de la Biblioteca Argentina, le dieron forma a un dispositivo con impacto institucional.

El punto de partida del equipo fue una preocupación central: históricamente, los bebés no forman parte del público lector esperado. Según explica Campero, si bien entre 2023 y 2024 la literatura infantil y juvenil —y muy especialmente los libros de cartoné para bebés— experimentó un gran auge en el mercado, en las bibliotecas públicas de la ciudad de Rosario no existían demasiados espacios pensados para ellos.

Ante este panorama, las investigadoras se propusieron promover el vínculo afectivo a través del libro, entendiéndolo como un objeto cultural mediador. “La lectura en bebés tiene como característica que siempre es mediada, a diferencia del resto de las lecturas, y eso es un punto a favor y no un punto en contra”, destaca la investigadora del IECH.

Para concretarlo, se diseñaron talleres de lectura en “Casa Imaginada”, la biblioteca para infancias de la Biblioteca Argentina, a partir de una solicitud del Proyecto de Desarrollo Infantil del municipio. De estos encuentros participan diferentes grupos de familias provenientes de distintos barrios de la ciudad.

Libertad, juego y exploración

Los talleres, que se sostienen de manera mensual desde 2024 y tienen proyección garantizada durante  2026, tienen una duración aproximada de una hora. La estructura planificada incluye una ronda de presentación, lectura de cuentos, canciones a cargo del equipo organizador y un momento vital: la exploración libre de los libros.

Es en ese espacio donde el equipo debe ser flexible ante lo impredecible. Mareovich relata que, durante la interacción directa, todos los libros quedan en el centro del espacio. A partir de allí, los niños comienzan a recorrer el salón con autonomía. Los bebés más pequeños gatean o reptan, mientras que los mayores, los llamados “deambuladores”, se desplazan con mayor soltura.

El equipo científico observa y registra situaciones espontáneas fascinantes: los niños manipulan los ejemplares, los abren, pasan las páginas, los llevan a la boca para explorarlos o los usan literalmente como objetos de juego. “Hoy una nena hacía unas casas con los libros. Había un bebé que estaba acostado, mordiendo el libro muy entusiasmado, y otro que lo daba vuelta porque lo quería abrir y no entendía cómo funcionaba el cartoné, hasta que encontró por dónde”, ejemplifica la psicóloga del IRICE.

Incluso, la imitación juega un rol clave. Mareovich recuerda a un niño de un año que, tras ver cómo las mediadoras sostenían los libros ilustrados frente al grupo para mostrarlos, agarró uno y, cuando logró abrirlo, comenzó a exhibirlo hacia los demás de la misma manera. “Lo que no deja de sorprenderme es la magia que tiene el libro, cómo guía el vínculo y cómo resulta tan atractivo para los bebés desde el punto de vista motriz al principio”, reflexiona la investigadora.

Para las investigadoras, la experiencia lectora temprana se asienta sobre una base sólida: la tríada conformada por el libro, el adulto y el bebé. Campero cita a la autora Yolanda Reyes para ilustrar esta intimidad: “Todo lo que dura el libro dura esa tríada junta”.

En los talleres, las familias son acompañadas por trabajadoras y trabajadores de los Centros Cuidar, quienes se movilizan en colectivos o taxis para poder llegar a la biblioteca con los niños y sus referentes afectivos. El rol de estos adultos es crucial para habilitar el escenario lector. Las madres acompañan a sus hijos, ya sea sosteniéndolos durante la lectura o convocándolos a participar.

Por su parte, las acompañantes actúan como puente, mediando entre los libros y las familias, invitando a las madres a compartir lecturas o haciéndolo ellas mismas en los momentos donde surge cierta timidez. Además, estas trabajadoras aportan un valor inmenso al integrar canciones compartidas y elementos de la vida cotidiana a la dinámica del taller.

Muchas de las asistentes son madres jóvenes o adolescentes que se sorprenden ante las reacciones de sus propios hijos al escuchar un poema o ver una ilustración. “La mirada del bebé es muy potente, nos hace reconocernos vistos por otro”, señala Campero, trazando una bella analogía: “No sabemos qué nos va a devolver; algo de lo que pasa con un libro también nos pasa mirando a un bebé”.

Expansión hacia la Maternidad Martin

El impacto territorial de “Bebés en bibliotecas” llamó rápidamente la atención del ámbito sanitario local. Una neonatóloga y la jefa de salud mental de la Maternidad Martin convocaron al equipo tras detectar la necesidad de un proyecto de lectura para la sala de neonatología.

Allí el escenario lector se transforma drásticamente: son mamás puérperas con bebés recién nacidos, internados en diferentes estadios y con distintos niveles de gravedad. Las investigadoras aceptaron el enorme desafío, pero con una fuerte convicción científica y social: la aspiración debía ser la creación de un programa que trascendiera el simple hecho de ir a leer un día.

El objetivo fue articular un trabajo que pudiera planificarse a dos años, integrando una mirada amplia sobre la salud pública. Se articuló con la Dirección de Salud Mental, Trabajo Social, la Dirección de Neonatología y la Secretaría de Salud municipal. Tras conseguir un subsidio específico, hoy sostienen también este dispositivo en la maternidad, adaptándose a los horarios de almuerzo o descanso de las madres internadas.

Tanto en la biblioteca como en la sala de neonatología, el proyecto busca derribar mitos sobre para qué sirve leer. “No leemos para que se duerman, no leemos para entretener, leemos porque lo que queremos es generar un vínculo”, enfatiza firmemente Campero. En los talleres, el equipo pone el cuerpo priorizando la libertad, la improvisación y una disponibilidad absoluta al juego.

El proyecto, que aborda la lectura como un “gesto siempre nuevo”, también funciona como espacio de formación. Actualmente, integran a estudiantes universitarios de psicología, filosofía y diseño de indumentaria en sus prácticas. El título “Bebés en bibliotecas” encierra en sí mismo una declaración de principios. Apela explícitamente a lo comunitario, a la necesidad de democratizar el acceso a la lectura y a reclamar que los espacios públicos estén verdaderamente habilitados para las familias.

“Está buenísimo hacer charlas con familias para incentivar la lectura en la casa, pero nosotros también pensamos en la potencia de abrir espacios colectivos y que los habiten”, afirma Mareovich. Para consolidar esta apropiación del espacio público, las compañeras de la biblioteca realizan visitas guiadas al finalizar los talleres. Allí les explican a las familias en qué horarios funciona la institución y les enseñan los pasos para poder llevarse un libro prestado a casa.

El proyecto interdisciplinario —que además planifica un taller abierto en el Museo Castagnino para el mes de julio — demuestra en la acción que la experiencia literaria en la primera infancia no trata solo de repartir libros. Como concluyen las investigadoras, se trata de garantizar como responsabilidad colectiva que el acceso a la cultura no dependa únicamente de la suerte individual de tener un adulto lector en casa, asegurando que todos los bebés tengan el derecho a explorar, tocar y disfrutar la lectura en su propia ciudad.

Periodista: Victoria Arrabal