
El embajador de Chile en la Argentina, Gonzalo Uriarte Herrera, volvió a colocar a Malvinas en el centro de la relación bilateral al afirmar el 9 de septiembre, ante el Rotary Club de Buenos Aires: “Si los chilenos entendemos que para Argentina Malvinas es importante, hagámoslo propio”. Su planteo incluyó una reciprocidad concreta: que la Argentina haga igualmente propia la posición chilena respecto del Estrecho de Magallanes. La declaración recupera una historia austral compartida que, después de antiguas controversias fronterizas, encontró una arquitectura de cooperación en el Tratado de Paz y Amistad de 1984 y posteriormente en el Tratado de Maipú de 2009. La posición oficial reciente es inequívoca: en la declaración presidencial argentino-chilena del 3 de septiembre de 2026, Chile reiteró su respaldo a los “legítimos derechos de soberanía” argentinos sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, así como a la reanudación de negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido conforme a las resoluciones de Naciones Unidas; la Argentina, por su parte, ratificó el reconocimiento de la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes.
La cuestión adquiere especial relevancia porque esa solidaridad diplomática convive con la iniciativa impulsada desde Punta Arenas para establecer o ampliar una conexión comercial y logística marítima con las islas bajo administración británica. El alcalde Claudio Radonich estimó en aproximadamente US$20 millones anuales el mercado que la ciudad podría captar y defendió el proyecto como una relación comercial entre comunidades; además, para fines de septiembre se prevé la llegada de una delegación empresarial vinculada a las islas para mantener reuniones con operadores locales. Allí aparece la contradicción que Buenos Aires debería abordar mediante una diplomacia firme pero cooperativa: una cosa es el legítimo interés económico de la región de Magallanes y otra, estratégicamente distinta, que infraestructura sudamericana contribuya a reducir los costos logísticos y fortalecer la viabilidad económica de la presencia británica en Malvinas, precisamente cuando Londres impulsa el desarrollo hidrocarburífero de Sea Lion. La respuesta más conveniente no pasa por reabrir diferencias argentino-chilenas, sino por apelar a una historia y un interés austral comunes: una Patagonia y un Atlántico Sur articulados entre Argentina y Chile reducen el margen de proyección de una potencia extracontinental que mantiene una presencia militar permanente y explota recursos naturales en espacios sometidos a una disputa de soberanía.
Fuentes
Oficina del Presidente de la República Argentina. Comunicado Oficial N.º 156, 3 de septiembre de 2026. Declaración argentino-chilena sobre Malvinas, Estrecho de Magallanes y actividades logísticas.
Guevara, Yesica A. “El embajador de Chile habló de Malvinas y dejó un mensaje para Argentina”. NoticiasNQN, 9 de septiembre de 2026.
La Prensa Austral. “Alcalde Radonich y ruta comercial a las Malvinas/Falkland: ‘Nuestra ciudad ha dejado de percibir 20 millones de dólares’”, 5 de septiembre de 2026.
Cooperativa.cl. Información sobre la posición del alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, y la proyectada conexión comercial marítima con las Islas Malvinas, 3 de septiembre de 2026.
La Opinión Austral. Información sobre la delegación comercial vinculada a las Islas Malvinas prevista en Punta Arenas para fines de septiembre, 6 de septiembre de 2026.
República Argentina–República de Chile. Tratado de Paz y Amistad, firmado el 29 de noviembre de 1984; aprobado por la República Argentina mediante Ley 23.172.
República Argentina–República de Chile. Tratado de Maipú de Integración y Cooperación, firmado el 30 de octubre de 2009.
