Una investigación de la UNR explora los procesos de ritualización, la construcción del mito ricotero y los valores que consolidaron una de las comunidades culturales más significativas del país.
El rock argentino perdió a una de sus figuras más emblemáticas. La muerte del “Indio” Solari dejó un vacío difícil de dimensionar en la cultura popular del país. Como voz y referente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que integró junto a Skay Beilinson, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti y Sergio Dawi, significó mucho más que un conjunto de rock nacional: se convirtió en el símbolo de un fenómeno social y cultural que trascendió los escenarios para transformarse en una forma de identidad colectiva compartida por generaciones.
¿Qué explica la devoción de miles de seguidores que recorrían el país para asistir a cada recital? ¿Cómo se construyó ese sentido de pertenencia que convirtió a cada concierto en una verdadera ceremonia popular? Esas preguntas guiaron la investigación de Nerea Depetris, licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario, quien dedicó su tesina de grado a analizar uno de los fenómenos más singulares de la cultura argentina: la misa ricotera y los procesos de ritualización que marcaron el vínculo entre Los Redondos y sus fanáticos.
“La banda y el público forman un binomio inseparable y eso explica en sí mismo el fenómeno de Los Redondos. Lévi-Strauss, argumenta que esa línea que separa lo que es la mitología de la historia, en realidad, se trata más que nada de muros que hay en nuestra mente porque en muchas oportunidades la materia prima que se toma, que pueden ser relatos orales, es la misma. Entonces, lo que hice fue encontrarme con una comunidad, con su narrativa, con su relato, y a través de eso tratar de reconstruir ese fragmento de la historia cultural argentina, desde mi humilde lugar, por supuesto”, resaltó Depetris.
Lévi-Strauss propone que un mito se define por el conjunto de todas sus versiones y variantes. Bajo esta lógica, la investigación no busca una única “verdad” objetiva, sino que otorga la misma importancia a todos los testimonios, incluso si son contradictorios. “Es en la superposición de todos estos relatos donde se reconstruye el mito de la misa ricotera. Creo que lo que tiene de particular esta comunidad es que surgió en una realidad previa a Internet, con ciertas lógicas de un mundo que hoy ya no existe. Sin embargo, la comunidad ricotera no sólo no desapareció con el paso de los años, sino que creció e incorporó nuevas generaciones, y creo que eso tiene que ver con que nos siguen doliendo, conmoviendo, inmovilizando las mismas cosas”, explicó la comunicadora.
Otro de los autores tomados para este análisis fue Mijaíl Bajtín, específicamente las construcciones conceptuales que despliega en su obra “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento”. La autora recurre a Bajtín para analizar la “Misa Ricotera” desde la perspectiva de lo carnavalesco y lo extraoficial. “Bajtín habla de un contexto y un tiempo muy diferente al de Los Redondos. Sin embargo, él desarrolla a la festividad como una manera de expresar una concepción del mundo. Yo creo que esa visión en Los Redondos tiene que ver con un contexto post-dictadura, uno de los capítulos más oscuros, represivos y violentos de la historia de nuestro país. Ahí nació una comunidad que vió que podía vincularse y generar lazos basados en el disfrute, la libertad, el compañerismo y sobre todo darle fundamental importancia a esos valores. Creo que eso fue lo que se siguió transmitiendo y creo que esa es la resistencia que hoy propone la comunidad ricotera”.

La tesina utiliza a Bajtín para explicar cómo en los recitales se suspenden temporalmente las reglas de jerarquización social, permitiendo un contacto libre y familiar entre personas de distintos estratos. Asimismo, analiza cómo la cultura popular utiliza la lógica de las cosas “al revés” y la parodia para degradar o profanar lo establecido. En este sentido, la autora vincula esto directamente con el hecho de que el público use el término “misa” para un evento de rock, viéndolo como una parodia carnavalesca o una resignificación de los símbolos religiosos tradicionales.
Algo que recorre la tesina es la idea de entender los elementos del ritual no como algo extraordinario en sí mismo, sino como “elementos que aparecen en la vida cotidiana y que, al ser desplazados al momento del ritual, adquieren una característica especial, mágica o mística”. “Esas fueron muchas de las palabras que aparecieron en los testimonios de las personas que entrevisté. Entonces, estudiar el ritual es, en cierto modo, estudiar ese desplazamiento de los elementos del mundo de lo ordinario al mundo de lo extraordinario. Creo que ahí radica parte de lo que sucede con la comunidad ricotera: en ese traslado de un baile, del choque entre los cuerpos y del disfrute de la música, aspectos que pueden formar parte de la vida cotidiana, se produce un proceso de identificación muy fuerte”.
Depetris resaltó que, según los testimonios recabados, en los primeros rituales de Los Redondos el pogo, ese elemento tan distintivo de la cultura ricotera, aparecía casi exclusivamente durante la canción “Ji ji ji”, lo que con el tiempo terminaría convirtiéndose en lo que se conoce como el pogo más grande del mundo. “Surgía con mucha fuerza la idea de que había algo que no podía faltar en un ritual de Los Redondos: el ricotero tenía que meterse en el pogo. A través de esa participación, se construía parte de su identidad y de su sentido de pertenencia a la comunidad. Esa experiencia también se trasladaba a la defensa de los valores y a la reivindicación de espacios culturales alternativos frente a otros ámbitos más tradicionales, de los que muchas de las personas que participaban en las misas ricoteras habían sido desplazadas por distintas razones, ya fueran culturales, sociales o económicas.En ese sentido, se trataba tanto de una reafirmación de valores como de una defensa de aquellos espacios donde sí sentían que pertenecían, donde podían crear algo nuevo, positivo y profundamente propio; algo que era, en definitiva, de la comunidad ricotera”.
Durante su investigación, la autora encontró una relación de fidelidad mutua entre los músicos y su comunidad. “Lo que apareció en los testimonios es que como fans le somos fieles yendo a todos los recitales, pero la banda y el Indio, particularmente como figura y como artista, nos es fiel a nosotros manteniendo su postura, su compromiso social, su sensibilidad a través de los años”.
Si hay algo que siempre se destacó de la etapa de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de la carrera de Solari como artista luego de la disolución de la misma a fines del 2001, es que profesaron su carrera musical por fuera de la industria tradicional, no adaptándose a demandas de los grandes sellos discográficos ni dependiendo de una maquinaria publicitaria alineada con los requerimientos del mercado. “En los testimonios de los fans, aparece mucho esta comparación con los artistas que están de moda que cambian según lo que piden las radios, con la filosofía de Los Redondos de mantenerse fieles a sus principios. Eso refuerza el rasgo identitario de fidelidad mutua, lo que genera un gusto heredado que pasa de generación en generación”.
Uno de los episodios más dolorosos y significativos en la historia de Los Redondos fue la muerte de Walter Bulacio. El 19 de abril de 1991, el joven de 17 años se acercó junto a sus amigos al estadio Obras Sanitarias para asistir al recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Como no tenía entrada, permaneció en las inmediaciones del lugar con la esperanza de poder ingresar. Sin embargo, una razia policial terminó con la detención de más de 80 personas, entre ellas Walter. Su arresto no fue comunicado ni a su familia ni a las autoridades judiciales. Horas más tarde, fue trasladado al Hospital Pirovano con un grave traumatismo de cráneo. Allí declaró a los médicos que había sido golpeado por efectivos policiales. El 26 de abril falleció como consecuencia de las lesiones sufridas.
Con el tiempo, el caso se convirtió en un símbolo de la violencia institucional y marcó profundamente tanto a la banda como a sus seguidores. Incluso, existe la creencia de que la canción “Juguetes Perdidos” fue escrita en homenaje a Bulacio. Para Depetris, la reacción de la comunidad ricotera frente a aquella tragedia reforzó los valores que históricamente identificaron al movimiento. “Hubo una respuesta a la muerte de Walter, no solo de parte de la banda, sino también del público. Y creo que fue una forma más de poner esos valores como bandera. Esos valores que llevaba tanto el público como la banda. Como decir: esto es lo que nos parece justo, esto es lo que nos parece injusto”, reflexionó.
Más allá de la música, la misa ricotera se consolidó como un espacio de encuentro, pertenencia e identidad colectiva. Para Depetris, uno de sus rasgos más distintivos fue la construcción de un ámbito contracultural donde se ensayaban formas de vinculación que parecían improbables fuera de ese contexto. Lejos de quedar confinados a los recitales, valores como la hermandad, el compañerismo y la búsqueda de la felicidad continuaron formando parte de la identidad ricotera incluso después del final de la banda. “Básicamente, era la generación de un espacio alternativo para quienes no encajaban en otros ámbitos más tradicionales”, concluyó. Una huella cultural que, décadas después, sigue viva en la memoria y las prácticas de miles de seguidores.
Periodista: Gonzalo J. García / Fotografía: Leandro Romero.
