Jorge Finardi se convirtió en un referente del análisis climático a partir de la observación de hormigas, insectos y plantas. Desde un enfoque experimental y multidisciplinario intepreta las señales de la naturaleza y reflexiona sobre los cambios del clima.
Jorge Finardi, es Técnico Químico, Profesor de Ciencias Biológicas y Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y se ha ganado un lugar como referente en el análisis del clima a partir de un enfoque poco convencional: el estudio de los ritmos biológicos de hormigas, insectos y plantas.
Aunque aclaró que no se trata de un método científico, sí resaltó que su modo de trabajo es experimental y observacional. Sus intervenciones en X, desde la cuenta @Georgeclimapron, suelen replicarse por sus aciertos, impulsadas por la singularidad de esta suerte de “antropología de insectos”.
“La naturaleza nos habla, nos presenta síntomas. A medida que pasa el tiempo, el planeta va evolucionando y cambiando y la naturaleza nos advierte para que adaptemos las conductas. Por ejemplo, hoy es poco el tiempo que llevamos mirando la atmósfera y el clima. Los hombres venimos desde hace unos 200 mil años adaptándonos, pero ahora nos aceleramos”, explicó quien habita en la actualidad en la localidad de San Pedro.

Su pasión por la naturaleza comenzó desde antes que tuviera plena conciencia, y hizo de esa pasión su lugar en el mundo. “Desde los tres años me paso horas mirando las hormigas y todo tipo de insectos, en un hábito que forma parte de mi vida. Cuando empecé a estudiar a fondo, llegué a entrometerme en profundidad en el mundo animal. Esa práctica me entrenó en profundizar, en mirar pronósticos y seguir las señales, de ahí la observación”.
El observar los hábitos de las hormigas le hizo encontrar una relación directa con el clima, empezando a asociar comportamientos con condiciones meteorológicas. “Las hormigas nos enseñan el sentido del trabajo, la interacción social, la comunicación en su colonia. Y, además, nos ayudan a leer la naturaleza: cuando ellas predicen tormenta, se refugian, cuando hay frío se protegen y hacen acopio, cuando hay calor se dispersan y no dejan rastros. Nos dan datos y nos advierten sobre los cambios que se avecinan”.
Se estima que hay 20 cuatrillones de hormigas en el mundo, lo que estima un total de 2,5 millones de hormigas por cada ser humano. “Las hormigas son universales y también se comportan de manera similar en cualquier lugar del mundo. Algo muy curioso es su comunicación: no usan el sonido”.
Hay reconocidas más de 10000 especies de hormigas, y están dotados de algunas cualidades realmente excepcionales y únicas. En raras ocasiones superan los dos centímetros de longitud, sin embargo son uno de los animales más fuertes del mundo, siendo capaces de levantar casi tres veces el peso de su cuerpo. Comparten rasgos muy parecidos con las avispas y las abejas, ya que evolucionaron a partir de un antepasado común. Estos fascinantes insectos están presentes por todo el planeta, exceptuando las zonas del Ártico y la Antártida.
Finardi, utiliza la observación como principal método de entendimiento de cómo se comportan las hormigas y que relación hay con el clima. En primer lugar, determina el grado de actividad en una escala del 1 al 10, conformada por la cantidad de interacciones, el número de hormigas por unidad de superficie, por tamaño de carga que llevan, clase de hormiga que trabaja y por el sitio en el que hacen el hormiguero.
“Por ejemplo, cuando llevan barritas y palitos o pequeñas hojas es para fortalecer el hormiguero porque saben que se aproxima lluvia o frío; cuando hay multiplicación de crías es porque viene lluvia fuerte; cuando llevan cereal, río. El cereal fermenta y produce calor para que nazcan las hormigas en ambientes subterráneos. Me pasó verlo en otoño: juntaban cereal, se estaban preparando para las bajas temperaturas que sabían que traería este invierno”, explicó.
En cambio, el comportamientos de estos insectos cambia de manera muy notoria con el calor. “Para las altas temperaturas acondicionan los túneles, empiezan a abrir otras “chimeneas” que son como agujeritos esparcidos dentro del hormiguero, que puede llegar a tener metros de profundidad”.
De esta manera, detalló que las hormigas cumplen un papel fundamental para la vida. “Hay una gran especie que es la hormiga colorada que cumple la función de equilibrar el ecosistema. Si exterminamos las hormigas coloradas, le dejamos el campo libre a las negras que son mucho más invasivas. Para no invadirlas, por ejemplo, no hay que poner troncos mojados porque se meten en la madera y afectan la estructura de las casas.
A partir de su experiencia que le permite realizar un trabajo cualitativo, experimental y observacional, amplió sus conclusiones climáticas a otros animales. Explicó que las arañas, por ejemplo, tienen la capacidad de detectar actividad eléctrica cuando aparecen y están muy activas; así como es bien conocido que las cigarras anuncian calor; las libélulas pueden anticipar tormenta o viento; y los gallos, cuando cantan a medianoche, adelantan la llegada de neblinas. Además, resaltó que cuando las hormigas se muestran desorientadas, es probable que estén captando actividad sísmica, incluso a gran distancia del fenómeno.
El egresado de la UNR explicó que el cambio en las estaciones y el clima responde a un fenómeno multicausal, vinculado tanto a la adaptación natural como a las transformaciones impulsadas por la actividad humana. “Antes la lluvia se concentraba en octubre y marzo, pero hoy puede presentarse en cualquier momento. No es un capricho, sino un proceso de adaptación que está directamente relacionado con nuestro modo de vida”, señaló.
En este sentido, advirtió que la modificación del hábitat genera respuestas en la naturaleza, un impacto que se percibe con mayor intensidad en la zona núcleo del país y en regiones como la Mesopotamia. Frente a este escenario, remarcó la importancia de promover la reforestación como estrategia para equilibrar el ecosistema.
Una visión multidisciplinaria
Jorge no se define únicamente por una trayectoria académica tradicional. Lejos de conformarse con una sola formación, completó tres titulaciones diferentes que reflejan su curiosidad y su capacidad para conectar saberes.
Entre esos títulos, quizás el que más llama la atención es la Licenciatura en Comunicación Social, una elección que se aparta de lo que comúnmente se denominan como “ciencias duras” y lo acerca a otro universo disciplinario. Para él, fue una experiencia enriquecedora y desafiante, que le permitió incorporar nuevas perspectivas a su mirada científica.
“Tuve profesores excelentes, podría nombrar a muchos como Alicia Gallegos, Alberto Ascolani y Alicia Acquarone. Fue un paso muy interesante cursar Comunicación. Yo estudié como segunda carrera, así que realmente fue una forma de hibridar”, aseguró Jorge, convencido de que combinar distintos enfoques es la clave para comprender la complejidad del mundo actual.
Él mismo define ese paso como un momento que originó un cambio de la forma de ver el mundo. “Comprendí que el positivismo, por ejemplo, no es el único paradigma dominante y que existen otras áreas del saber que tienen que ver específicamente con cada objeto de estudio. Fue ameno, es una facultad con un grado académico muy elevado y excelencia académica. Me permitió, a mí que venía de las ciencias duras, lidiar de alguna manera sobre lo cualitativo, es decir, lo que es el estudio de campo, ya que si yo me guiaba solamente por el paradigma positivista, como estaba haciendo hasta ese momento, terminaba aislando los objetos de estudio, por ejemplo, un animal, perdiendo así todo el contexto de campo. Aprendí la técnica etnometodológica, la cualitativa, con observación participante, entre otras cosas, y eso me ayudó mucho para mi desarrollo”.
Periodista: Gonzalo J. García
