27 de Octubre 2021

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27/09/2021

La Rosario, ciudad feminista

La Universidad Nacional de Rosario se propuso recuperar las huellas del movimiento de mujeres, feminista y de la diversidad sexual en la ciudad. Para ello, a través del Area de Género y Sexualidades y la Licenciatura en Turismo, está haciendo un relevamiento de las producciones académicas, de activistas y de referentes del arte, el urbanismo, la comunicación y el periodismo. 


 



Un trabajo en este campo fue el realizado por Cristina Viano quien junto a un grupo de investigadoras de la UNR se dedicaron a rearmar la historia desde sus inicios. “Hay una marca bien potente del feminismo rosarino en la década del 80, entre el fin de la última dictadura y los comienzos del proceso de recuperación de la democracia, con pequeños grupos pioneros de mujeres de sectores medios, en su mayoría profesionales,  que fueron construyendo y sembrando el camino”, afirma la Doctora en Historia.

La  experiencia  de  “Unidas”, entre 1982 y 1988,  es  tal  vez  la  más  llamativa expresión de esos primeros momentos. Allí se conjugó la voluntad de un grupo de mujeres de procedencias diversas, que comenzaron a editar una publicación del mismo  nombre,  desde  la  cual  dieron  a  conocer  públicamente  un  conjunto de   debates   que tenían hacia   adentro   y   cuyos   temas   privilegiados  eran  la sexualidad, la violencia contra las mujeres y el derecho al aborto, entre otros. 

Pero Unidas fue mucho más que una revista y una herramienta de difusión de ideas feministas. Fue, sobre todo, el nombre de un colectivo de mujeres que decidieron salir a la calle a manifestarse porque entendían que en la sociedad estaba naturalizado un rol específico para las mujeres, diferente al de los varones, subordinado a ellos, que vedaba el acceso a una serie de derechos y lugares en el orden social. A través de acciones artísticas pretendían desnaturalizar las ideas dominantes acerca de la femineidad, la sexualidad, la maternidad y la familia.

En un boletín que publicaron el 8 de marzo de 1986,  titulado “Ser feminista” establecían que “por sobre todas las cosas una feminista es aquella  mujer que quiere ser una persona, un ser humano pleno y cabal, que lucha contra las arbitrariedades e injusticias que la someten o reprimen. No se rinde ante el mundo que le toca vivir sino que por el contrario, pretende transformarlo”.

“La percepción generalizada es que fueron un grupo de desarrollo temprano, y hasta de vanguardia, cuyas acciones cumplieron el objetivo de impactar e interpelar, generando incomodidades, mucha veces incluso en otras mujeres que también se reivindicaban feministas”, explica la historiadora.

Si la acción callejera constituyó una característica distintiva de las autónomas nucleadas en “Unidas”, el pensamiento, la reflexión y la producción teórica lo será del Grupo de Reflexión Rosario (GRR), conformado en su mayoría por psicólogas que desde 1981 y por diez años se reunieron una vez por semana durante varias horas en un bar.  

“Imbuidas de pensamiento psicoanalítico compartían el interés de revisar el lugar de la mujer en la sociedad, particularmente su rol como esposa y madre, las posibilidades de cumplir sus aspiraciones vocacionales, ubicarse en el área del trabajo extra doméstico y su participación política”, expresa Viano. Luego se fueron deslizando a otros temas medulares como la sexualidad y la subjetividad femenina.

El grupo reducido permitía la transición de lo personal a lo político y a la vez garantizaba que cada mujer se encontrara lo suficientemente segura  para indagar su propia existencia de opresión personal y sobre todo la forma en que se origina la opresión. “La creación de conciencia se planteó como un aspecto decisivo”, dice la docente de la Facultad de Humanidades y Artes.

Poco   más   adelante,   hacia   1984,   surgió Indeso-Mujer (Instituto de Estudios Jurídico Sociales de la Mujer), un  grupo integrado por ex militantes de las organizaciones políticas de los 60 y 70  que vivieron  la  experiencia  del  exilio  externo  e  interno  durante  la  dictadura  e intentaron  luego  reconstruir  intervenciones  políticas  cuya  especificidad  las  fue deslizando  hacia  el  campo  del  feminismo. 

“Ellas comenzaron a asesorar legalmente a trabajadoras y fueron derivando esa práctica en una línea de asistencia a mujeres víctimas de violencia”, afirma Viano. De hecho la mayor parte de la producción de Indeso se orientó a visibilizar y denunciar las situaciones de violencia que sufren las mujeres. De ello dan cuenta los artículos publicados en su revista “La chancleta” que comenzó siendo una modesta hojita. Indeso y el  GRR  confluyeron  más  tarde  en  un  espacio  de  articulación  concreto: Casa de la Mujer. 

Cuando a principio de 1988 el boxeador Carlos Monzón asesinó brutalmente a su mujer Alicia Muñiz, la pelea entablada desde Casa de la Mujer para instalar el problema de la violencia sobre las mujeres no contaba aún con buena predisposición para ser abordada en los medios de comunicación. “Los nuevos lenguajes y categorías para poner nombre a situaciones silenciadas y extendidas por las que atravesaban las mujeres vendrían en una etapa posterior”, destaca la Profesora. 

A la hora de difundir esta temática y el trabajo que realizaban, estas mujeres enfrentaban otro problema: “los estereotipos en torno a las militantes feministas, tales como la soltería, la fealdad, la maldad, el odio a los varones, todos disvalores que debían ser enfrentados con una probada heterosexualidad fundada en la maternidad, la bondad y la comprensión”.

Ampliación de derechos

La historiadora destaca que en el primer período democrático se produce una ampliación de derechos tales como el divorcio vincular, la patria potestad compartida y la pensión para las uniones de hecho. “Esto se puede leer como un proceso promovido desde el Estado pero detrás de todas esas iniciativas había mujeres organizadas promoviéndolas tanto dentro como fuera de los partidos políticos”, reflexiona. De esta forma comienza una etapa de colaboración con el Estado y la apertura  de espacios de atención de la problemática de la mujer. 

En Rosario, un primer espacio lo constituyó  el  Consejo Asesor  del  Departamento  de  la  Mujer,  creado  en  la  órbita  municipal  en  1988, que fue percibido como una instancia legítima donde hacerse escuchar. Otro fue la revista científica Zona Franca editada por el Centro  de  Estudios  Interdisciplinarios  sobre  las  Mujeres  y la Maestría  Poder  y Sociedad    desde    la    Problemática de   Género de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR.  

Para Viano “es imprescindible hoy volver la vista sobre el trabajo paciente de aquellas mujeres que se animaron a generar cuestionamientos muy provocativos para la época, porque allí encontramos ya un germen poderoso de lo que el movimiento de mujeres de Rosario iba a seguir haciendo y diciendo en los años venideros”. Ellas tendieron los primeros lazos con otras organizaciones nacionales y latinoamericanas, gestaron conceptualizaciones y alimentaron debates, ensayaron estrategias de visibilización y, particularmente desde Indeso y Casa de la Mujer, promovieron encuentros regionales y nacionales.

El proyecto “Rosario, ciudad feminista” que desarrolla actividades de investigación, intervención y formación pedagógica, está dirigido por Florencia Rovetto, Secretaria del Area Género y Sexualidades de la UNR y Sofía Perotti, coordinadora de la Licenciatura en Turismo en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.



  • Periodistas: Victoria Arrabal
  • Fotógrafos: Pablo Correa