27 de Octubre 2021

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21/09/2021

Memorias 7. Entrevista a Oscar Lupori


Continuamos con el Ciclo de Entrevistas a Referentes de Organismos de Derechos Humanos de la ciudad de Rosario con el objetivo de tender puentes entre el pasado y los desafíos que presenta el contexto actual de pandemia.


Tags: entrevistas Oscar Lupori derechos humanos memorias del presente  



Hoy dialogamos con Oscar Lupori, referente del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH).

1- ¿Cómo se resignifica la lucha de los organismos hoy, teniendo en cuenta las desigualdades profundizadas por el contexto de la pandemia?
Realmente la pandemia nos ha afectado. Por ejemplo, formo parte de la Comisión Directiva del Museo de la Memoria y nuestras reuniones dejaron de ser presenciales y ahora es virtual, lo cual nos quita espacio de actuación. En la casita del MEDH por motivos de seguridad en salud tuvimos que cortar las actividades presenciales. Respecto a la asamblea barrial que integramos como MEDH pudimos hacer muy pocas reuniones presenciales, cuidando que no fuéramos más de 10 personas. ¿Qué es lo que pasa con la virtualidad en los barrios? Los que más intervenimos, somos los que tenemos una cierta preparación y cierto manejo de la técnica. Entonces, terminamos siento 7 personas que nos manejamos con esto. Cada organismo ha tenido que encontrar la forma de seguir manteniendo su relativa manera de trabajar. Lo virtual posibilita algo, pero impide estar en ciertas actividades.
Más allá de eso, la pandemia es la oportunidad para pensar algo muy serio. Siempre sostuve en mis años de trabajo en Derechos Humanos (DDHH) y de lucha ─yo estoy presente en esto desde 1968 y un tiempo antes también─ que hablar de DDHH es tratar de recuperar la dignidad humana. Los DDHH son el camino para hacer posible la dignidad de cada individuo y de los colectivos humanos. En los ’60 estábamos en la lucha como curas del tercer mundo por una transformación social que evitara el escándalo de la injusticia social, de la desigualdad social. ¿Cuántos niños, adolescentes ─que después son señalados con el dedo─ nacieron en condiciones en donde les fue imposible poder vivir? ¿Quién se hace cargo de un recorrido que no se lo inventaron, que no lo eligieron? La pandemia es un muestrario a gritos de lo que es el sistema-mundo en que vivimos. Este sistema-mundo tiene características terribles. Una de las primeras es la tendencia a seguir violando nuestra “casa común”. Primera cosa que nos abarca a nosotros y a todo tipo de seres, incluidas las plantas y los animales. La pandemia está revelando esa faz.
Además, deja al descubierto el escándalo de la desigualdad. No es lo mismo la pandemia en barrio Martin [barrio céntrico de la ciudadque en una villa. En mi barrio, se destruye un matrimonio por motivos del COVID: ¿qué haces en el barrio en una pandemia? ¿Cómo evitar que los jóvenes estén en la esquina, tratando de matar el tiempo y exponiéndose?
Lo tercero que muestra la pandemia es el problema gravísimo del trabajo, el problema del empleo y desempleo en Argentina y su significado. Es una cuestión estructural.
Ahora bien, tal como se trabaja a la pandemia desde los medios de comunicación, se nos impone vivirla con miedo. Miedo que me pase esto o lo otro. Es decir, nos mandan, no a cuidarnos sino a tener miedo. Nos hacen esperar el milagro mágico que nos va a sacar de esto para volver a lo anterior. No te provocan, en cambio, que pienses cómo transformar nuestro sistema. A propósito de todo lo que revela la pandemia, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud dijo que desde 2011 hubo 1483 epidemias localizadas. Para septiembre de 2019 todo era previsible. Lo que no se tomaron fueron medidas de protección. También, la pandemia revela lo que es la competencia internacional, el escándalo de las vacunas y la no colaboración. Entonces, la pandemia es la ocasión para comprender nuestro sistema-mundo y comprometernos a trabajar para que después de la pandemia no volvamos a lo que teníamos antes. Necesitamos generar una economía, una sociedad, una forma cultural y política teniendo en cuenta algo muy claro: el neoliberalismo nos quería convencer de la que la solución humana era el mercado y, ¿qué aporta el mercado para protegernos de esta situación? Todo el mundo mira hacia el Estado.


2- ¿Qué relación hay entre tu experiencia vida y la militancia en el organismo?
Empecé mi militancia comprometiéndome con el mundo obrero. Mi gran ilusión era trabajar como sacerdote con los obreros para que tuvieran cada día mejor vida y pudieran disfrutar de todo lo que aportan a nuestro país y a los demás humanos. En el fondo, mantienen nuestro vivir cotidiano: el barrendero, el panadero, el carnicero, el albañil, el pintor, el enfermero. Gracias a esos trabajos nosotros podemos tener el nivel de vida que tenemos. Pero ¿ellos pueden tener ese nivel de vida? ¿cuántos de los que construyen casas tienen casas lindas o propias? ¿cuántos de los barrenderos viven en un barrio donde la higiene y la limpieza están a disposición?
Luego, por los años ’60, empieza una segunda etapa de militancia en mi vida que, podría decirse, se perfilaba mejor teóricamente. Después del Concilio Vaticano II, un grupo de curas queríamos que el trabajo de la iglesia en la diócesis de Rosario estuviera más de acuerdo con el espíritu del concilio. Tenemos un conflicto con el obispo en 1969 en el cual nos quita las parroquias y, en 1970, la posibilidad de ejercer el ministerio sacerdotal. En 1977 me casé. Pero en medio, con otros tantos me había enganchado con el movimiento de curas del tercer mundo con la ilusión de provocar la transformación social. Era un compromiso muy fuerte. A mí por ejemplo me impactaba mucho lo que, técnicamente, es el análisis de la plusvalía que hace el marxismo. ¿Cuánto contribuye el obrero a la formación del capital y en simultáneo, cuánto tiene de realidad aquello que se decía que la riqueza es la contracara de la pobreza? La riqueza de la elite que maneja el mundo tiene como contrapartida que el 80% de nuestro mundo vive en la pobreza. Entonces, ¿cómo cambiar esto?
La tercera etapa de militancia fue pensar qué íbamos a hacer para proteger a los militantes y a la gente comprometida de lo que se venía encima [la dictadura de 1976]. Empezamos a hacer reuniones, teníamos que idear un paraguas que protegiera de lo que era inminente. Este es el origen, de alguna manera, del movimiento ecuménico. En el año ’75 comenzamos con las reuniones a nivel de obispos, presidentes de iglesias cristianas, con anuencia del Consejo Mundial de Iglesias. El Vaticano, delegó al Episcopado argentino el posicionamiento, el cual se lavó las manos. Pero, algunos obispos se comprometieron. Así nació el MEDH cuyas actas de pre-asamblea son de febrero de 1976. El acta contando ya con comisión, con la junta pastoral nacional y un estatuto aprobado en asamblea, es de los primeros días de abril de 1976. Entonces, allí inicia una etapa nueva vinculada a una lucha ecuménica de cristianos y de no cristianos para proteger todo esto. Por eso, el movimiento se organiza en una junta pastoral nacional con gente a la que era muy escandaloso tocar. Aunque el terrorismo de Estado no dudó en matar obispos. No solamente mató a Angelelli, lo mató a Ponce de León*, pero lo hizo más prolijamente. Lo de Angelelli y los palotinos fue muy torpe. Lo de Ponce de León lo hicieron pasar como un accidente, sin embargo, fue un atentado. Había que pensar en los más golpeados que eran los obreros, los militantes de base, estudiantes, que son la gran multitud según lo que se pudo reconstruir con las denuncias.
Después, en 1987 pasé a ser coordinador nacional de educación del MEDH. En 1993 volví a Rosario y ya después pasé a coordinar la regional de Rosario. Como ya tengo 84 años, hace 10 años dejé de ser coordinador. En esta etapa tengo la preocupación de gritar nunca más, pero no dejar de ver lo que pasa ahora. Aquello fue parte de un proceso que generó esto.


3- ¿Qué papel tienen los organismos en la construcción de la memoria histórica?  

Tomemos el ejemplo de las Madres. Ellas nos ayudan a entender que el discurso de DDHH latinoamericano o argentino en concreto, no está construido sobre el eje de la libertad y la propiedad como lo construyó el discurso de los derechos del hombre y del ciudadano de la revolución francesa. Acá el eje es el derecho a la vida digna. Por eso nuestro gran símbolo son las Madres con su pañuelo denunciando la desaparición, la muerte de sus hijos y haciéndonos ver la perversión de un sistema que no teme en matar, en destruir, en sacrificar humanos en pro del mercado, como dice la teología de la liberación. Las madres son ejemplares, nos han hecho ver que lo que pasa ahora tiene que ver con lo que pasó antes. Eso es un ejemplo de resignificación y reactualización de lo que es su lucha y su trabajo. Es clave no quedar enceguecidos como quien mira el pasado y quedó ahí fijado. Es una lucha consciente y constructiva de futuro. Es fijarse en aquello y decir nunca más para construir una sociedad diferente: igualitaria, fraterna, con justicia, con igualdad de oportunidades.


4 - ¿Cuál es el rol de las nuevas generaciones en esta construcción? ¿qué pueden aportar en este sentido?  
Cuando uno habla de los jóvenes hay un juego que es contradictorio: por un lado, el joven es el despunte de la novedad, aquel que viene en pro de algo distinto, los jóvenes son diferentes a la generación de los adultos; pero otro lado, los jóvenes también son el gran mercado del dios mercado. El mercado encontró ─vía los medios de comunicación─ que adolescentes y jóvenes le reporten muchas ganancias. De alguna manera hay mucho trabajo sistemático sobre ellos. Tal es así que a veces los adultos queremos imitarlos externamente para parecer jóvenes.  
No obstante, respecto a los jóvenes debemos tener confianza. Siempre he pensado que a la cotidianeidad y a lo básico para vivir, no hay discurso, ideología que lo pueda tapar. Si tenés hambre, tenés hambre y por más que te digan con un discurso que no tenés, tenés hambre. Cuando no tenés trabajo ocurre lo mismo. Esta experiencia es básica, fundante subjetivamente, y hace que la juventud reaccione, abriendo la posibilidad de generar cosas. Tenemos que prestarles atención, sumarnos y acompañarlos. No empezar a criticarlos. Los medios nos los pintan como peligrosos, sobre todo a la juventud pobre: ahí está el delito, la violencia.
En la juventud hay mucha posibilidad para nuestro futuro. Pero ojo, al país lo quiere manejar un grupo selecto que no son jóvenes. Y lo quieren manejar a su modo y para sus intereses. Por eso, es importante que los jóvenes sigan con ese sentido de juntarse. Son los que más expresan la necesidad de estar en grupo. Tienen que hacernos dar cuenta que lo grupal no va en contra de la dignidad personal, sino que hace visible todos los obstáculos que ofrece el sistema-mundo individualista y competitivo. Es clave que los jóvenes sigan con esa proactividad de hacer en conjunto y de disfrutar en conjunto.

* Carlos Horacio Ponce de León, obispo de San Nicolás, provincia de Buenos Aires.


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