27 de Octubre 2021

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02/08/2021

Cambiar para poder crecer: la reconversión del Puerto de Rosario

Esta usina económica y cultural de la ciudad pasó de dedicarse exclusivamente a la exportación de granos a centrarse progresivamente a lo que es cargas generales, provocando así un nuevo movimiento de modernización y optimación que lo volvieron a reconectar con la dinámica de la ciudad. 


 



Con el correr de los años, el puerto de Rosario se expandió dando lugar a lo que hoy es un “clúster” portuario, extendido a lo largo de 70 Km, que cuenta con más de 30 terminales portuarias. Esta reconversión provocó cambios económicos, sociales y culturales que llevaron a construir una nueva mirada en torno a este espacio de la ciudad. Miembros del Instituto de Investigaciones Económicas, perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario, estudian acerca de la evolución que demuestra el complejo portuario y las transformaciones regionales que se dieron en estos años.

No es posible desconocer los orígenes como ciudad, mucho menos la transformación y crecimiento que demuestra tener hoy Rosario, si no se la reconoce a través del vínculo construido a lo largo del tiempo con el río Paraná y en particular, en referencia a su condición originaria de puerto que aún hoy la caracteriza. Originalmente, este espacio se orientaba exclusivamente a la exportación de granos, y en los años 40 pasó a depender centralmente de Buenos Aires, lo que hizo que perdiera autonomía ya que la toma de decisiones no se producía más en la ciudad. "Esto provocó que con el correr de los años haya envejecido al no contar con tantas inversiones de infraestructura, pero, así y todo, siguió siendo un centro muy importante para la exportación de granos. El vínculo ciudad-puerto aparece desdibujado, dos mundos separados que conviven en un mismo territorio con baja interacción. La ciudad había perdido en parte su dinámica y se podría afirmar que en ello tuvo que ver el deterioro del nivel de actividad portuaria", comentó Isabel Raposo, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas.

En 1992 se sancionó la Ley Nacional 24.093, una legislación dedicada a la regulación de las Actividades Portuarias, que permitió, entre otras cosas, el surgimiento y asentamiento de puertos privados en la zona. "Este hecho cambió rotundamente toda la cuestión portuaria, produciendo una transformación productiva en la región. Produjo modificaciones en el dragado e hidrovía, lo que facilitó el ingreso de buques y despertó un gran negocio a causa de la gran cantidad de cereales, sobre todo la soja, que se producía en la región", comentó la especialista.

En este contexto, el Puerto de Rosario no contaba con la infraestructura correspondiente para poder acaparar toda esa actividad de exportación agraria, por lo cual comenzaron a aparecer inversiones en otros puntos de la Provincia. "Ya en los años 80 se empezaron a observar puertos en San Lorenzo y Puerto General San Martín, y con el correr de los años en otros lugares. El Puerto de Rosario quedó chico en cuanto a capacidad ya que exporta un promedio de 4 millones de toneladas, y la región está en 70 millones. Nuestro puerto si bien es un actor muy importante y la historia lo pone en un lugar de referente del sector, ha ido perdiendo capacidad a lo largo del tiempo". 

Como consecuencia de esa misma ley, el Puerto dejó de ser administrado desde Buenos Aires y fue transferido a la Provincia de Santa Fe, creando así un Ente Público No Estatal- ENAPRO que está conformado con representación de la comunidad portuaria local.  "De esta manera, el Puerto de Rosario se fue centrando progresivamente a lo que es cargas generales. Nuestro último trabajo de investigación tiene que ver con reconocer cuál era ese complejo portuario, sus actores, la escala que tiene y como viene creciendo año a año". 

Reconectando con el ADN de la ciudad

Durante mucho tiempo, los puertos estuvieron muy integrados a la vida cotidiana de las ciudades ya que era una de las actividades que más mano de obra requería, pero sin embargo con el correr de los años esta relación fue desapareciendo progresivamente. "Muchos de los puertos privados que se fueron incorporando a lo largo de la Provincia son grandes plantas gigantes que tienen procesos automatizados, donde no existe casi la diversificación de producciones, entonces son espacios cerrados que desarrollan una gran actividad, pero puertas adentro. Es decir, que no tiene esa conexión con el medio como la tenía en su momento el puerto rosarino". 

La investigadora resaltó que se estudia la reconversión del puerto local en términos de “clúster”, es decir, empresas interrelacionadas que trabajan en un mismo sector industrial y que colaboran estratégicamente para obtener beneficios comunes. "Esto cambia ese panorama de aparente desconexión entre el puerto y el entorno urbano. Hay una cantidad de actores complementarios a la actividad portuaria que tienen que ver con el despacho, almacenaje o el transporte de contenedores que se afianzan a partir de este cambio de lógica del Puerto. El movimiento de contenedores, por ejemplo, genera otro tipo de actividad en las cuales se suman muchos servicios relacionados con la logística, desinfección o depósitos fiscales. Hay todo un movimiento muy interesante que se fue desarrollando en el caso de Rosario, lo que volvió a generar una gran cantidad de mano de obra en la zona". 

Hasta 2010, el puerto de Rosario no contaba con movimiento de contenedores, por lo cual se invirtió para que pudiera sumar esta actividad. Desde ese momento, comenzaron a incorporarse servicios para que se pudieran embarcar los contenedores, y entre los años 2017 - 2018, se registró el máximo movimiento de la última década. "Si bien hoy la actividad de exportación de granos se sigue desarrollando y teniendo una actividad importante, lo central tiene que ver con las cargas generales, un proceso que aún hoy se sigue estabilizando y consolidando. Si bien sigue creciendo, no hay que comparar este proceso con otros grandes puertos, como Buenos Aires, que cuentan con un gran calado que permite que naveguen buques de imponente tamaño, por lo que hay que ser realistas de las posibilidades de la ciudad para explotar al máximo el espacio". 

Por este motivo, Raposo detalló que la reconversión del Puerto de Rosario trae consigo una perspectiva más moderna e interesante en comparación a la dinámica de otros puertos que sólo se centran en el transporte de graneles. "El camino es seguir orientándose al desarrollo de cargas generales, sobre todo contenedores, que se relacionan con los movimientos más actuales, y lo que puede permitir que muchas producciones salgan del país y se exporten desde acá. Rosario funciona como un embudo, lo que puede generar con el tiempo que se posicione como una puerta de salida alternativa a lo que hoy es Buenos Aires o Zárate, las cuales en la actualidad son las dos zonas que concentran el grueso de esas exportaciones", detalló la investigadora.  

El puerto de Rosario se ha ido equipando, modernizando y consolidando dentro de esta lógica en los últimos tiempos, lo que ha provocado que sea más frecuente la llegada de buques de contenedores, un servicio que no había anteriormente. "Como muchos rubros, el sector se encuentra deprimido por la pandemia y los problemas con las exportaciones, pero si resurgen condiciones normales será un gran espacio de desarrollo. Creo que con el tiempo se puede mejorar, en la medida que haya desarrollos de economías regionales y otro tipo de actividades que puedan aportar movimientos de cargas. Es una gran fuente de trabajo para la ciudad, hoy en día tiene una actividad que involucra cerca de mil personas de forma directa y muchas más de manera indirecta". 

En síntesis, el crecimiento urbano y la reorientación de la actividad portuaria local, le dan un nuevo sentido a la relación de la ciudad con el puerto.  “Hoy por hoy, el verdadero desafío es recrear la posibilidad de convertirse en una ciudad - puerto en todo su potencial, y dejar de ser sólo una ciudad con puerto”, admitió Raposo.



  • Periodistas: Gonzalo J. García
  • Fotógrafos: Camila Casero