27 de Septiembre 2021

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27/05/2021

Memorias 2. Entrevista a Ana Moro

Continuamos con el Ciclo de Entrevistas a Referentes de Organismos de Derechos Humanos de la ciudad de Rosario, Memorias del presente: diálogos necesarios, con el objetivo de tender puentes entre el pasado y los desafíos que presenta el contexto actual de pandemia


Tags: derechos humanos entrevista Ana Moro referentes de derechos humanos  



Hoy dialogamos con Ana Moro, referente de la Ronda de Madres de Plaza 25 de Mayo.


1- ¿Cómo se resignifica la lucha de los organismos hoy, teniendo en cuenta las desigualdades profundizadas por el contexto de la pandemia?

La lucha se resignificó en relación con los problemas económicos, sociales y políticos. Ya desde la época del menemismo -aunque en ese momento no éramos tantos- estuvimos en las calles apoyando a los movimientos sociales, a los maestros, a los bancarios. Con la llegada de Macri estos problemas se profundizaron y la Plaza 25 de Mayo, volvió a ser -como siempre lo fue- pero con más intensidad, el lugar de encuentro, de resistencia. En este contexto, donde muchos fueron los derechos conculcados, todo el que quería hacer una actividad, una denuncia, una radio abierta, recurría a la “Plaza de las Madres”, como pasó con el caso de Santiago Maldonado, el de Rafael Nahuel, el intento de un indulto encubierto a los genocidas, que era el “2 x 1”, el acompañamiento a la lucha de Palestina, el repudio a la represión en Chile o al golpe de Estado en Bolivia. Desde la Ronda de Madres estuvimos movilizándonos por Facundo Molares que es un militante y periodista argentino que fue detenido durante el golpe de Estado en Bolivia y que por suerte pudo salir de una prisión de máxima seguridad.  

Con la pandemia, lo primero que tuvimos que hacer fue cuidarnos y, por ello, nos empezamos a organizar utilizando la plataforma de trasmisión en vivo “Zoom”. El 24 de marzo pasado, trabajé muchísimo: por un lado, porque nos faltó Juane Basso con quien compartía muchas responsabilidades. A pesar de que cada año me digo a mí misma que voy a trabajar menos, este año no podía estar ausente y fue así como hicimos la vigilia y la concentración.

Es importante remarcar que en este momento son los movimientos sociales, los que están en los barrios dándole de comer a la gente humilde, que se ha quedado sin trabajo. Sin dudas, los principales sostenedores de los derechos humanos hoy en pandemia son las organizaciones sociales. Y también los trabajadores de la salud.

2- ¿Qué relación hay entre tu experiencia vida y la militancia en el organismo?

Empecé a militar a los 18 años cuando ingresé a la universidad a estudiar Letras. Sin embargo, no pude terminar. Fui detenida en mayo de 1977 y por mucho tiempo no pude estudiar ni trabajar porque no me otorgaban el certificado de buena conducta. Cuando quise hacerlo me dijeron: ¡no, no!, usted tiene antecedentes subversivos. Finalmente, me lo dieron y empecé a estudiar el profesorado de Enseñanza Primaria; ya no quería ir más a la universidad.

Mi experiencia de vida cambió con la dictadura:  porque de estudiar, de tener amigos, de vernos, de salir, pasamos a estar -como ahora- encerrados. En este sentido, en algún punto, la pandemia -especialmente el encierro de los primeros meses- activó algo de aquel momento: estoy sola, no veo a nadie… pero, claro que no es igual a estar en un centro clandestino.

La dictadura cambió a toda mi generación, hay gente que no volví a ver más. Recientemente, me reencontré con compañeros, por Facebook, con quienes convivía, militábamos juntos, y a los que no veía desde 1976. Eso ha sido una gran alegría, si bien por la pandemia no nos hemos podido ver personalmente. Una de ellas, por ejemplo, está en Buenos Aires y otros en otras ciudades.

Aunque estuve detenida en el ‘74, cuando todavía estaba Perón vivo, en 1976 se produce el derrumbe familiar: en septiembre desaparecen mi hermana Miriam y su compañero Roberto De Vicenzo. En el ’77 secuestran a mi marido Juan Carlos Cheroni, a su hermano Hugo, a la que era su mujer Stella y a mí. Al salir, Juan y yo, no podíamos trabajar, la pasamos muy mal, más cuando nació nuestro hijo. Yo estaba embarazada cuando fui secuestrada. Pero era una militante, estaba acostumbrada a correr peligro. Hoy pienso que algunas cosas no las haría. Por otro lado, la militancia me permitió conocer a mucha gente que pasaba lo mismo que yo, me permitió fortalecerme. Quedarse en casa es peor, el dolor en soledad es peor, compartir el dolor y luchar alivia.

Con mi hermana (Miriam) somos gemelas. Ella empezó a estudiar psicología y militaba y yo siempre traté de ayudarla, aunque era peligroso. Cuando desapareció, quedé también huérfana porque empecé a ser madre de mi madre ya que ella quedó destruida. Estando yo detenida, me entero de que a mi hermana y a Roberto los habían matado. Es casi seguro que Miriam estuvo en la casa de los Comandantes, en zona sur de la ciudad. A mi hermana la mataron en Casilda en el camino rural y estuvo enterrada como NN y fue arrojada a un osario.

3- ¿Qué papel tienen los organismos en la construcción de la memoria histórica?

Como ya conversamos, en algunos momentos estuvimos muy solos y creo que esa persistencia de no darnos por vencidos fue importante. Hemos luchado, primero, por la aparición con vida. Los años pasaron y, en 1983, Familiares junto con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) crearon una Secretaría Jurídica a cargo de la Dra. Delia Rodríguez Araya y se empezó a tomar testimonios a los sobrevivientes y a los familiares de las víctimas, pidiendo Juicio y Castigo. En el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín se realizaron los juicios a las Juntas Militares. Después de los indultos, ante la insistencia de los organismos de DDHH se hicieron los juicios por la verdad; que no eran punibles, y los juicios por los niños que se habían robado. Pero recién dimos un salto cualitativo y cuantitativo, cuando ganó las elecciones Néstor Kirchner. Como una política de Estado, se anularon las leyes de impunidad y empezaron los juicios en todo el país.

Hay que tener en cuenta que ya estoy grande y tuve que tomar muchas responsabilidades en Ronda de Madres de la Plaza 25 de Mayo, acompañada por otros y otras compañeras. En los últimos tiempos, las madres nos pidieron que no abandonáramos la plaza, cuando ellas ya no estuviesen y así lo hicimos. Y hemos continuado.

4 - ¿Cuál cree que es el rol de las nuevas generaciones en esta construcción? ¿qué pueden aportar en este sentido? 

Yo creo que un momento clave fue cuando se cumplieron los 20 años del golpe. Decidimos hacer una gran marcha y allí me di cuenta de que todo tenía sentido al formarse la Agrupación “HIJOS”. Para los 40 años, propuse que una parte del documento sea leído por un nieto o nieta. Este año, en la concentración del 24 de marzo las adhesiones fueron leídas por Renata Labrador y Lua Conechny. El abuelo de Renata, Víctor Labrador fue asesinado y el abuelo de Lua, Alejandro Pastorini está desaparecido. Por la Ronda, leyó Miriam De Vicenzo, mi sobrina nieta. Mis sobrinos son militantes y sus hijos también. El hijo mayor de Miriam, Darío es uno de los referentes de la Ronda.

Un mensaje para las nuevas generaciones es como dicen las madres: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Tenemos etapas, en algunas avanzamos, en otras retrocedemos, pero hay que tener tenacidad y continuar. Así siempre se consiguen las cosas, tal vez no todo lo que desearíamos pero sí pequeñas o grandes victorias.  Esta lucha colectiva nos ayudó a vivir y sobrevivir, a demostrar que no nos podían derrotar fácilmente, a pesar de que ellos tenían la fuerza y que nos hicieron desaparecer a nuestros familiares y amigos. No iban a poder y efectivamente no pudieron.


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