27 de Septiembre 2021

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15/05/2021

Memorias del presente: diálogos necesarios

Comienza hoy el Ciclo de Entrevistas a Referentes de Organismos de Derechos Humanos de la ciudad de Rosario con el objetivo de tender puentes entre el pasado y los desafíos que presenta el contexto actual de pandemia


Tags: derechos humanos entrevistas Observatorio de Derechos Humanos Memorias del presente  



En tiempos de pandemia, crisis y distanciamiento social, el Observatorio de Derechos Humanos (DD.HH.) presenta una serie de entrevistas a referentes de organismos de DD.HH. de la ciudad de Rosario con el objetivo de aportar a la lucha por el sentido del pasado, disputa en clara conexión con los desafíos de nuestro presente y los proyectos a futuro. Aunque han trascurrido varias décadas desde el golpe de Estado de 1976, las asimetrías profundizadas por dicho proceso se sienten hoy en día y constituyen un fuerte límite para el porvenir. En este sentido, el espacio de la memoria, planteado de forma colectiva, se convierte en un espacio vivo de lucha política. Las entrevistas orales que integran este ciclo, vienen a complementar y brindar nuevos datos sobre las historias de vida y sobre las organizaciones de DD.HH. de la ciudad para que, de esta manera, no solo resuenen una pluralidad de voces, sino también una variedad de tonos. Hay una historia de la subjetividad, de la manera en la que el sujeto hace la experiencia de sí mismo en un juego de verdad que es importante recuperar y poner en valor.

El ciclo inicia dialogando con Tomás Labrador, militante de la agrupación HIJOS de Rosario.

1- ¿Cómo se resignifica la lucha de los organismos hoy, teniendo en cuenta las desigualdades profundizadas por el contexto de la pandemia?
Desde HIJOS acatamos las medidas sanitarias que tomó el gobierno como el aislamiento preventivo o no realizar manifestaciones en el área de la calle. Ya que esto se implementó en marzo del año pasado, no pudimos realizar la marcha por el día de la Memoria debido a las disposiciones. Entonces, lo que hicimos fue tratar de tener mucha presencia en las redes sociales, hacer una movida virtual en cuanto a la memoria: utilizamos el hashtag #LaMemoriaNoEstáEnCuarentena.
Luego, durante todo el año continuamos de la misma manera. Tuvimos, por ejemplo, una sentencia de uno de los juicios que se desarrollaban aquí en la ciudad y la trasmitimos en directo por las redes. Por primera vez no pudimos estar en la puerta del tribunal esperando el fallo. Es decir, intentamos hacer actividades de forma virtual para sostener algunas de las cuestiones que veníamos trabajando con respecto a la memoria. Todo esto sin olvidar que, como siempre nosotros decimos, nuestra militancia está en las calles y en lo colectivo. Ese es nuestro ámbito de militancia.
Este año, como las medidas en marzo habían pasado a una fase con un poco más de libertad, el 24 de marzo hicimos una concentración -no una marcha- en el parque a la Bandera y, de alguna manera, pudimos volver a estar en el espacio público de forma colectiva conmemorando esta fecha.

2- ¿Qué relación hay entre tu experiencia vida y la militancia en el organismo?
Mi militancia está atravesada por mi historia. Tengo a mi tío desaparecido, mi abuelo y mi padre fueron asesinados durante la dictadura y el resto de la familia: abuela, tías, primas, tuvieron que exiliarse porque estaban amenazadas de muerte. Entonces, todo eso me atraviesa. Desde muy chico ya acompañaba a mi abuela, Esperanza Labrador, en actividades con las Madres de Plaza de Mayo; recuerdo las reuniones en la cortada Ricardone donde se reunían los familiares de desaparecidos de Rosario. A partir de que comencé a militar en HIJOS, hay para mí una cuestión que es indisoluble entre mi experiencia de vida y mi experiencia ligada a la militancia. En una época de mi vida, cercana a los 20 años, donde estaba buscando de acuerdo a mis inquietudes políticas un lugar donde desarrollar la militancia, me acerqué a HIJOS -que hacía muy poquito que estaba organizado- y desde ahí no me fui más. Mi militancia en derechos humanos y política la vengo desarrollando desde ahí.  

3- ¿Qué papel tienen los organismos en la construcción de la memoria histórica?
HIJOS llega en los años ‘90 a integrarse al movimiento de derechos humanos que, por entonces, ya era muy activo y numeroso: había muchas organizaciones que venían trabajando: Madres, Abuelas -no me quiero olvidar de ninguna- familiares, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la Liga Argentina por los Derechos Humanos, entre otras.
Nosotros venimos a sumarnos a ese universo de organismos de derechos humanos, quizás con la impronta de nuestra experiencia de vida y de la juventud, porque entre los miembros, ninguno superaba los 30 años. Entonces, venimos a aportar esa impronta al movimiento de derechos humanos en un momento de la década del ‘90 donde realmente vivíamos una situación de fuerte retroceso: si bien, se había podido juzgar a las juntas en el año ‘85, a partir de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final no se había podido continuar con el juzgamiento de los responsables del genocidio y todavía estaba muy lejos la posibilidad de juzgar a los civiles de la dictadura, los instigadores y beneficiarios del plan económico que vino a instaurar la dictadura. Todo eso, sumado a que en los ’90, el presidente de ese momento, Menem, había dictado los indultos, por lo cual no había responsables del genocidio, ni siquiera los comandantes cumpliendo su pena.
En el año ‘95 nos sumamos a esa lucha que era nada más ni nada menos que continuar con el reclamo que venían haciendo los organismos, sobre todo siguiendo el camino que nos habían marcado las Madres y Abuelas, que era buscar justicia; de ninguna manera venganza, sino seguir reclamando por justicia. Para que nuestro sistema democrático se fortaleciera era indispensable que no existiera impunidad para los crímenes de la dictadura. A ese contexto, sumamos nosotros nuestra experiencia más juvenil de resistencia y contestación, en un momento donde culturalmente el neoliberalismo estaba muy afianzado y donde no se veían grietas en ese sistema.
Lo hicimos con las herramientas que fuimos encontrando, sumándonos con otros compañeros dentro de nuestro rango generacional y, quizás, la herramienta más disruptiva o fuerte que encontramos fueron los escraches: nosotros decíamos “si no hay justicia, hay escrache”. Hay un genocida responsable de muerte, tortura, robos, asesinatos, etc., que esta viviendo en un barrio, que va a la cola de la panadería, a la cola de la carnicería, que va al banco, que se sienta en un bar a tomar un café y el resto de la gente no sabe quien es, no tiene la opción de elegir si comparte la mesa de café con ese tipo que está ocultando los crímenes que cometió. Así fue como nosotros empezamos a hacer la denuncia de los genocidas, de los cuales teníamos incluso las pruebas que se habían recolectado cuando en los años ‘80 habían comenzado a sustanciarse las causas judiciales que fueron abortadas por las leyes de impunidad. Más allá de eso, había suficientes pruebas para conocer y saber quienes eran estas personas. En esa época, había además policías de la provincia de Santa Fe como Lo Fiego, que era miembro de la policía todavía y que no había sido exonerado de la fuerza. Entonces, comenzamos a pedir también que fueran apartados; esas personas no podían mantener tropas a su cargo, siendo lo que habían sido: genocidas con crímenes probados y denunciados por los sobrevivientes de los campos de exterminio como el servicio de informaciones de la ciudad de Rosario.

4 - ¿Cuál cree que es el rol de las nuevas generaciones en esta construcción? ¿qué pueden aportar en este sentido?
La juventud siempre tiene mucho para aportar. La memoria no es algo cerrado, no es un lugar estanco, la memoria es un territorio que está en permanente movimiento y en disputa; todo el tiempo se va resignificando. Ya sea porque conocemos nuevos aspectos que no conocíamos y que van aportando a esa construcción, o bien, porque otros sectores apuestan por la desmemoria, para conseguir impunidad como ser los genocidas, los beneficiarios e instigadores civiles de la dictadura que todavía hoy participan de la vida política y económica del país y se siguen beneficiando de cuestiones que fueron instauradas en la dictadura y que todavía no hemos podido desandar del todo.
Las nuevas generaciones tienen muchísimo para aportar desde sus vivencias, desde su nueva visión, desde su relectura de los acontecimientos y desde, incluso, la investigación o el trabajo para conocer más y echar luz sobre la dictadura. Nos falta muchísimo por saber, por conocer, por descubrir esos resortes ocultos que quedaron de un período dictatorial muy violento en Argentina, donde se aplicó un plan sistemático de exterminio sobre una gran parte de la población militante, trabajadora, sobre delegados de fábricas, estudiantes, docentes, etc. No es algo vacío decir Memoria, Verdad y Justicia. La verdad nos hace libres, nos sirve, nos ayuda a construir cada día un futuro más igualitario para todos.
Hace poco un periodista acusó al sistema democrático de ser responsable de la pobreza. Sabemos bien que la pobreza creció mucho a partir de la dictadura donde, como Rodolfo Walsh indicó, se aplicó un plan de miseria planificada, que hizo crecer muchísimo la deuda social y económica. Reducir la brecha y conseguir que todos los habitantes del país tengan satisfechas sus necesidades básicas: vivienda digna, un trabajo digno, alimentos dignos, que los chicos tengan la oportunidad de crecer en un ambiente saludable y cuidado, es una materia pendiente que debería ser tomada como un proyecto transversal de todos los partidos políticos. Esto, no es ni más ni menos que la bandera que levantaban nuestros compañeros desaparecidos. Cuando la represión cayó de esa forma tan fuerte, fue porque había un pueblo muy organizado que sabía lo que quería, que sabía cuáles eran los resortes que quería recuperar para la soberanía popular. La dictadura tiró para atrás muchas cosas, nos hizo retroceder en muchísimos aspectos y tenemos que desandar ese camino o andar un nuevo camino que nos lleve a conseguir una sociedad mas justa, más igualitaria, con soberanía popular, y con decisiones del pueblo que sean respetadas.


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