09 de Julio 2020

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05/05/2020

El sexting en tiempos de coronavirus

La psicóloga de la UNR Silvana Savoini reflexiona sobre esta práctica virtual, los cuidados y el consentimiento como en toda relación sexual.


 



Numerosas investigaciones dan cuenta de la importancia del contacto físico y la demostración de afecto en todas las etapas de la vida dado que el distanciamiento es potencialmente generador de estados depresivos. Hoy, el escenario de asilamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus  hace que muchos vínculos sólo puedan mantenerse de forma virtual y este es el caso también de las relaciones de pareja.

Días atrás, el mismo Ministerio de Salud de la Nación recomendó evitar los encuentros íntimos con personas con las que no se convive y recurrir a prácticas como la masturbación y el sexo virtual para evitar posibles contagios. En este sentido, la especialista en sexología clínica y educativa de la UNR, Silvana Savoini, celebró que se hable de sexualidad, que sea un tema de agenda del gobierno y no un tabú: “Así como hay pautas para saludarnos con el codo o comunicarnos con nuestros familiares por chat, es importante que también se hable de la vida sexo afectiva”.

La psicóloga explicó que si bien el sexo virtual nunca va a sustituir al presencial, sigue siendo un modo de compartir un encuentro sexual ya que se sostiene una intimidad, nivel de confianza y conocimiento mutuo que no se establece con todas las personas. Pero, como en toda relación, dependerá de las habilidades de comunicación de los participantes y de lo que puedan transmitirse on line.

La profesora de la UNR definió al sexting (que proviene de sex y texting) como el intercambio de textos, audios, imágenes o videos de contenido erótico a través de alguna tecnología. “Se cree erróneamente que esta práctica tiene que desencadenar una respuesta sexual y que además el desenlace debe ser un orgasmo”, afirmó. Pero aclaró que no necesariamente es así. Que el sólo envío de mensajes con un tenor amoroso forma parte del  sexting ya que se trata de un estímulo para despertar el deseo. Alguien está sexteando cuando tiene una charla en la que dice: “Tengo ganas de besarte, de abrazarte, te extraño”, con un contenido erótico que puede o no conducir a lo otro.

Según expresó Savoini, esta es una confusión que surge incluso en el mismo coitocentrismo que hay en la concepción de la sexualidad. Esa idea de que un “encuentro sexual completo” es aquel donde hay genitalidad y penetración, más allá del género, y que además tiene que conducir a un orgasmo. “En realidad el  disfrute erótico tiene que ver con lo sexual y lo amoroso, pero más allá de lo genital y del orgasmo”, sostuvo.  

En relación al alcance de estos encuentros intimos virtuales, afirmó que “el sexting no escapa a nadie”.  “Lo practican todos los géneros, orientaciones sexuales y franjas etáreas, incluso los adultos mayores”.

El consejo de evitar el contacto físico en el marco de la pandemia no significa que el coronavirus sea una enfermedad de transmisión sexual. Las secreciones sexuales no contagian el virus como ocurre en el  VIH, el HPV o la sífilis. En este caso el riesgo está en la saliva y en la materia fecal. Por esta razón se desaconseja el sexo anal-oral o bien llevarlo a cabo con una protección de látex que funcione como método de barrera.

El “no es no”

La violencia de género también puede surgir en este tipo de vínculo y se da en lo microscópico, en lo invisible. “Aunque una pareja esté distanciada, el ‘no es no’ también para un encuentro virtual”, dice Savoini y cita como ejemplos coercitivos  la insistencia en el envío de fotos o las amenazas de abandonar la relación.

Según explica la terapeuta, al igual que toda práctica sexual debe ser libre de violencia y  tiene que haber un deseo de ambas partes de participar para poder llegar a un consenso. “El consenso no significa sólo sentir deseo por el otro, sino también tener ganas de expresarlo virtualmente”.

Ahí se pone en juego la asertividad, es decir la capacidad de expresar lo que uno siente, quiere o prefiere de forma adecuada y oportuna. “Esta asertividad que hay que tener en todo encuentro sexual es importante también para decir que no y hacer valer los propios derechos”, resalta.

En estos intercambios se aconsejan ciertos autocuidados en cuanto a la exposición en las redes. Aunque haya absoluta confianza entre los participantes para el envío de textos, audios, imágenes o videos,  todo lo que circula por cualquier dispositivo  es potencialmente susceptible de ser viralizado, no por parte del receptor sino porque internet no es 100% segura.  “Hay vulnerabilidades en la transmisión de datos, entonces hay que saber que existe un riesgo”, dice la psicóloga.

Estos cuidados consisten en que no se vea el rostro ni ningún otro elemento que identifique a la persona como tatuajes o piercings. También  que no sea reconocible el lugar donde se toma la foto y tratar de usar los canales que sean más seguros. “Muchas personas sin malas intenciones desconocen que cuando reciben un archivo este puede subirse automáticamente a la nube a la que quizás  accedan otros, de acuerdo a las configuraciones de los dispositivos”, ejemplificó.

También existen casos en los que puede haber malas intenciones. La psicóloga recordó que cuando era presidenta de la Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología, hace seis años, hubo casos de consulta de chicas de 14 y 15 años que mandaban su foto o video al novio y luego se viralizaban. Aunque estas situaciones no están reguladas en el mundo digital, se trata de una violación a uno de los 16 derechos sexuales declarados por la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) que es el derecho a la privacidad: “Toda persona tiene derecho a la privacidad, relacionada con la sexualidad, la vida sexual, y las elecciones con respecto a su propio cuerpo, las relaciones sexuales consensuales y prácticas sin interferencia ni intrusión arbitrarias. Esto incluye el derecho a controlar la divulgación a otras personas de la información personal relacionada con la sexualidad”.

La biografía digital

El término nudes significa en español "desnudos" aunque no necesariamente hace referencia a fotos que muestren una desnudez total, sino íntimas. Estas se envían con el objetivo de estimular a quien las recibe y forman parte del sexting. Lo que pasa ahora es que ya lo trascienden porque, sobre todo los más jóvenes, las suben a sus redes sociales.

Se trata de una práctica propia de una generación que creció más libre en cuanto a la desnudez y que tiene menos pudores que las anteriores. Pero la sexóloga advierte que puede generar consecuencias a largo plazo ya que estas pasan a formar parte de la biografía digital. Una foto a la que quizás no se le dé importancia en la juventud, puede perjudicar a la persona a futuro, por ejemplo, en la búsqueda laboral.

En este sentido, a nivel internacional se está estudiando “el derecho al olvido” en internet para que exista el derecho a eliminarlas definitivamente. Una idea que surgió para cuestiones financieras pero luego se trasladó a otras esferas de la actividad humana.

Silvana Savoini es Psicóloga, Terapeuta Cognitivo Comportamental,  Especialista en Sexología Clínica y Educativa. Profesora de la UNR en la Cátedra de Psicopatología y Neurofarmacología de la Facultad de Psicología y en la Cátedra de Psiquiatría Adultos de la Facultad de Ciencias Médicas. Además, es responsable académica de las  materias electivas “Sexología Clínica” y “Psicobiología, Neuropsicología y Procesos Psicológicos Básicos”.

 


  • Periodistas: Victoria Arrabal