26 de Junio 2019

Noticias

09/04/2019

Eso que llaman amor…(y es trabajo no remunerado)

Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR analiza la  pobreza de tiempo que sufre la población, utilizando los datos obtenidos de la Encuesta de Uso del Tiempo. 


Tags: economía feminista uso del tiempo pobreza de tiempo fcecon economía y género unr  



La encuesta del Uso del Tiempo es una herramienta de la economía feminista que permite visibilizar el trabajo no remunerado, al que considera esencial en la reproducción del sistema económico.

El grupo de estudios de “Economía y Género” de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR  realizó, en 2010, una encuesta de uso del tiempo en Rosario y con los datos obtenidos pudieron demostrar la importancia del trabajo no remunerado, sobre qué sectores de la población recae ese trabajo y quienes padecen déficit de tiempo.

Lucía Andreozzi, Magister en Estadística Aplicada y miembro del grupo, señala que reconocer el trabajo que se realiza hacia el interior del hogar, que en mayor medida recae sobre  las mujeres, permite visualizar otras desigualdades y reclamar políticas públicas para su solución.

Uno de los puntos que se evidencia en la encuesta es que en  general, las mujeres suelen tener menor carga laboral en el mercado, y trabajos de menor jerarquía. Esto se asocia a una mayor responsabilidad en lo relacionado al trabajo doméstico y de cuidado.

Ambas tareas suelen significar una carga de tiempo mayor que una jornada extendida en el mercado laboral. Como esta situación no es cuantificada, carece de reconocimiento y de valor. Según los datos de la encuesta, en casi todos los sectores sociales, las mujeres sufren un 10% de déficit de tiempo que los varones.

La posibilidad de tener datos concretos sobre el uso del  tiempo permite crear categorías como la pobreza de tiempo, un parámetro diferente para medir el bienestar de las personas sin que medien los ingresos monetarios.  

Andreozzi explica que tradicionalmente  una persona no es pobre si puede acceder a la canasta básica, lo  que no se toma en cuenta es el tiempo que lleva adquirir esa canasta elaborarla, y todo el proceso que permite su consumo:   “Si para adquirir la canasta básica se debe trabajar doce horas diarias, esa persona no es pobre de ingresos pero seguramente es pobre de tiempo y esa categoría es invisible para las estadísticas oficiales”.   



El valor del tiempo

Existe una vertiente dentro de la economía que considera que el trabajo no remunerado puede ser medido adjudicándole el valor-hora del salario de una empleada doméstica.

Los investigadores del equipo de Ciencias Económicas tienen una postura política que difiere, consideran que no debe dársele al tiempo un valor monetario, ya que de esta manera solo se correría la línea de la pobreza hacía arriba y el déficit de tiempo seguiría siendo invisible para las políticas públicas.  

El objetivo de evidenciar todas estas tareas que están ocultas es generar acciones que provoquen un mayor bienestar, como puede ser una ampliación de las licencias por maternidad/paternidad o diferentes sistemas de cuidados.

Lucía Andreozzi distingue entre economía feminista y economía con visión de género, en esta última se trata de incluir a las mujeres como variable, mientras que la economía feminista plantea un cambio estructural en el que están incluidos hombres y mujeres, que permita un desarrollo más equitativo y mayor libertad para todos los miembros de la sociedad.

Ivana Márquez, alumna de la carrera de Economía e integrante del equipo de investigación, participó de una experiencia de desarrolla un simulador de distribución equitativa de las tareas del hogar. Se tomaron en cuenta todos los adultos que conforman el hogar y las tareas remuneradas o no que realiza cada uno y se dividieron en partes iguales. “El resultado fue una leve subida en el déficit de tiempo de los hombres, pero los parámetros globales de la población se equipara y disminuye el déficit general, por lo que se supone que los hombres tienen margen de tiempo para asumir más tareas dentro del hogar”, sostiene Márquez

 

¿A mayor educación más tiempo?

Uno de los datos que les resultó más llamativo,  al grupo de estudios de la UNR, es que el déficit de tiempo está presente en los dos extremos de la línea de nivel de estudios. Tanto quienes tienen menos educación (primario o primario incompleto) como quienes están en los niveles superiores (universitario o más) sufren las mayores cargas horarias en su vida cotidiana.

En el primer caso existe una necesidad de realizar mayor cantidad de tareas para lograr la subsistencia del grupo familiar.

“El caso de los universitarios, especialmente de las mujeres, suponemos que este déficit de tiempo se debe a la complejización de la situación, con empleo de mayor responsabilidad, donde los límites del trabajo con la vida se desdibuja” sostienen las economistas.

En los estratos educativos medios, que corresponde a un secundario completo, suele ser el grupo que menor pobreza de tiempo sufre.  

 

Los adultos mayores

Las investigadoras señalan que uno de los grupos poblacionales sobre los que recaen las tareas de cuidado son los adultos mayores. Hay un alto porcentaje de mayores de 60 y 70 años que se dedican al cuidado de otras personas, tanto dentro como fuera del propio  hogar.

Consideran que estas cifras ponen en cuestionamiento al menos dos supuestos, que se sostienen desde el neoliberalismo, que los adultos mayores son una carga y que una persona puede trabajar hasta cualquier edad. “Esto es porque no se miden las tareas que realizan para que el sistema pueda funcionar” manifiestan.



La encuesta

En el año 2010 se realizó en Rosario una encuesta de Uso del Tiempo y Voluntariado, durante un periodo de tres meses. Su implementación surgió a partir de un convenio firmado entre la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, UNIFEM (hoy ONU Mujeres) y el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos de la Provincia de Santa Fe.

El objetivo era conocer el tiempo que cotidianamente dedican las mujeres y varones a diferentes actividades tales como trabajo para el mercado, cuidado del hogar y niños, estudio, esparcimiento, etc.  La muestra abarcó 1001 hogares, lo que representan 2995 personas, y las entrevistas se realizaron a los mayores de 15 años, 2319 encuestados.

La técnica utilizada fue la del “Diario del Día de ayer” que permite ser completado con asistencia del entrevistados, en tramos de 15 minutos y actividades simultáneas. Fue una muestra probabilística que garantiza la representatividad de la ciudad de Rosario.

Lucía Andreozzi considera importante poder hacer una segunda edición de la encuesta de Uso del Tiempo, que proyectan  para el año 2020, para poder tener nuevos guarismos que permitan conocer los avances y retrocesos en torno a la temática.

 

La comunidad LGTB

El grupo de estudios de Economía y Género, junto a especialistas de otras disciplinas, desarrollarán un proyecto de extensión para realizar una versión de la “Encuesta de Uso del Tiempo”, en la cual se adaptará el cuestionario  para la comunidad LGBT, que surgió de una demanda de la misma comunidad, para poder dar evidencia de su situación y reclamar las políticas públicas que consideren necesarias.

 

Deconstrucción del tiempo

Los investigadores, con los que trabaja Lucía Andreozzi son Javier Ganem, Miriam Geli, Patricia Giustiniani y Guillermo Peinado.  El equipo escribió el libro “Deconstrucción del tiempo, trabajos y pobrezas del tiempo en Rosario” que aborda, desde la economía feminista, las determinantes de la pobreza, lo que se considera bienestar y aparecen cuestiones que son invisibles como el trabajo doméstico, el cuidado, el tiempo, que parecen que si no están tasadas por el mercado no existen. El libro saldrá bajo el sello de la UNR Editora y está en proceso de producción.

 


  • Periodistas: Ileana Carrizo
  • Fotógrafos: Camila Casero