20 de Enero 2019

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17/12/2018

La villa argentina a partir del registro de lo real y las formas de espectáculo

Regina Cellino estudia cómo se narra después de 2001 la vida de esos espacios urbanos. Hace énfasis en el concepto de imaginario, a cuya creación contribuyen tanto la literatura, las series como las películas.


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Hace años que la villa es el escenario de producciones que inundan los campos de la literatura y lo audiovisual en Argentina y circulan a través de medios tradicionales así como también fluyen por consumos alternativos. La investigadora de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario Regina Cellino pone el foco en las representaciones contemporáneas de la villa argentina a partir del registro de lo real y las formas de espectáculo.

Cellino pertenece al Instituto de Estudios Críticos en Humanidades, que funciona bajo la órbita de UNR y CONICET. El objetivo de la investigación es dar cuenta del modo en que se representó la villa en la literatura argentina contemporánea a partir del año 2001. "Es una continuación de mi tesina con la que me recibí de Magíster en Literatura Argentina, en donde trabajé la representación de la villa en crónicas. Cuando me recibí sabía que quería seguir trabajando sobre lo popular, y al leer una crónica de Cristian Alarcón, que me fascinó, empecé a pensar por qué las villas están todo el tiempo en el foco de la escena, ya que en el mismo momento en que el autor escribía, en la tele había muchos programas que la abordaban. Comencé a mirar para atrás y hay una cierta tradición en la representación de la villa que aparece en ciertos momentos: tenemos desde Elías Castelnuovo, Roberto Arlt y Rosa Wernike, que escribió de la primera villa en Rosario, entre otros autores."

El corpus está integrado por diversas producciones literarias entre las que se encuentran "La Villa" de César Aira; "Puerto apache" de Juan Martini; "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros" de Cristian Alarcón; "La Virgen Cabeza" de Gabriela Cabezón Cámara; "La venganza del cordero atado" de César González, entre otros. La metodología responde a la investigación cualitativa transdisciplinaria, centrada en el análisis de textualidades y formatos.

La investigadora marca que el momento en el que la literatura del presente empezó a mirar a la villa fue en 2001, a causa de la crisis, porque pasó de ser un espacio transitorio a ser un espacio real y los distintos medios de comunicación pudieron ver el potencial para distintas producciones. Ahí se identificaron temáticas que a la población les interesaba, como por ejemplo la desigualdad social, la violencia o la pobreza.

"Todos los trabajos que analicé contenían dos factores que se ponían en juego: la villa aparecía como registro de lo real pero por otro lado, la visión de los medios de comunicación estaba muy presente. Es decir que las obras dialogaban con los estereotipos de los medios de comunicación y generaban otra cosa", comentó.

En el análisis se pueden visualizar distintos tipos de representaciones: más cínicas o irónicas como en el caso de Gabriela Cabezón Cámara, o más de índole crónica, como los documentales. También aparece un autor que se diferencia del resto por ser un escritor villero: César González, quien no pertenece al mismo círculo que los otros. A partir de este descubrimiento, la investigadora incorporó también films en el análisis, como por ejemplo el documental "Estrellas" y películas como "Elefante Blanco" de Pablo Trapero, con la idea de que sean de diferentes circuitos.

Los avances constatan que las representaciones singulares de la villa, espacio discursivo que se re-significa en cada una de las obras, surgen de las diferentes combinaciones que los autores establecen entre el registro de lo real y las formas del espectáculo. "Con el término 'registro' se alude a la pulsión de registrar lo que acontece en el orden de lo real y con 'espectáculo' a una voluntad de dramatización. Estas configuraciones singulares de la villa conforman un sistema que denominamos realismo villero", estableció la especialista.

Cellino marca que es importante hacer énfasis en el concepto de imaginario porque tanto la literatura, las series o las películas contribuyen para su creación, la cual se da tanto en lo social como en lo retórico. "Desde mi punto de vista hay dos posturas: por un lado el estereotipo que surge a partir del 2001, y que se vincula con acciones como el saqueo o robo. Por otro lado, la visión de que la villa se establece como punto de encuentro de nuevas producciones. Creo que en los últimos años los medios de comunicación se dieron cuenta de que ahí había material para construir representaciones, pero también, que no son mundos apartes que se encuentran en los límites de una ciudad, es decir que no existe más la división de centro y periferia, sino que conforman una especie de rizoma. Con esto quiero decir que la ciudad y la villa se contaminan y nutren mutuamente", afirmó la investigadora.

Desde hace años que la villa y sus habitantes son tomados por grandes productoras de series televisivas. No es casual que "El Puntero", "Un Gallo para Esculapio" o "El Marginal" sean un éxito en la grilla o en las plataformas de streaming. Pero así también, existen críticas para los actores que siempre hacen de villero, bajo el argumento de que estos no pueden salir de ese papel. "Si pensamos esta situación podemos decir que también hay actores que sólo actúan de galanes. No está mal actuar de villero, y tampoco creo que hacer ese papel no sea importante, ni signifique un desafío muy grande", reflexionó.

En el documental "Estrellas", que ya tiene diez años, surge la visibilización de la alianza entre la cultura del espectáculo y la de la villa. El protagonista de este audiovisual es el reconocido Julio Arrieta, quién se define como el representante de los actores villeros y que trabajó en varias producciones del director Adrián Caetano. Esta es una simple muestra de cómo el cine argentino va en busca de este tipo de personajes y de qué manera estos reclaman un espacio en la cultura. "Creo que la gran modificación se da porque no son del estilo de producciones de autores como Horacio Verbitsky o Raúl González Tuñón. Por el contrario, suman instrumentos del presente como las imágenes estereotipadas de los medios de comunicación o reformulaciones del presente como en el caso del Gaucho Martín Fierro que es una reescritura de la obra en lengua villera. Me parece que va mutando desde el registro de lo real a partir de otros elementos", comentó.

En algunas obras se pueden ver pérdidas de estereotipos, especialmente en las crónicas porque el autor puede cruzar la frontera y sumergirse en una cultura nueva, para luego contar la experiencia. Cuando este tipo de literatura es realizada por un intelectual, usualmente es leída por un tipo de lector modelo que es ajeno a esa realidad que se está contando. Sin embargo, hay literatura producida por y para los villeros, como por ejemplo los poemas de César González. "Estas obras circulan en la web, todos las pueden leer, tiene un nivel de accesibilidad, una visibilidad que es importante destacar porque narra la visión de los mismos habitantes que transitan esa vida todos los días y no es el testimonio de alguien que viene de afuera. Los dos tipos de visiones son válidas y pueden confluir".

Si se realiza un paralelismo con Brasil la primera diferencia que sale a la luz es que Argentina no tiene asentada una cultura villera propiamente dicha, ya que César González es el único representante que trascendió en el tiempo. En Brasil sí hay una diferencia marcada entre literatura villera y no villera, porque en las favelas lo que se escribe ahí, circula en ese ámbito. En nuestro país este fenómeno no se da, ya que la villa aparece como un escenario llamativo pero que casi siempre es abordado por personas que no pertenecen a este círculo.

"A diferencia de otras épocas donde a las villas en las producciones se les pasaba por al lado, ahora es reconocida y casi es imposible no tenerla en cuenta. Es decir, hoy es un espacio más del entramado de la cultura argentina. No existe una separación entre la villa y la ciudad, sino que forman parte de lo mismo, son límites que dejaron de existir. Podríamos decir que hay una villarización de la ciudad, ya que no están sólo en los márgenes de esta", formuló Cellino.

La autora hizo hincapié en la necesidad de hacer un análisis profundo de las distintas producciones que tienen a la villa y su estilo de vida en el centro de la escena. En "Estrellas" se muestra, por ejemplo, cómo se construye una casilla en tiempo real, lo que visibiliza un proceso que para sus habitantes es normal pero para el resto de la sociedad no. En este tipo de historias no hay estereotipos, pero podemos encontrar que hay algunos tópicos en común.

Hay muchos modismos, sobre todo en la adopción de palabras, que se toman de lo que se podría considerar cultura villera. "Nuestra lengua no es sólo la del diccionario, sino que se nutre todo el tiempo de distintas variantes de lo que sucede en la sociedad. Me parece que la cultura villera se popularizó y un claro ejemplo es el cantante Pablo Lescano, ya que lo escuchan diferentes clases sociales, suena en boliches, en casamientos y en fiestas. Me parece que de algún modo está bueno que suceda eso, porque invisibiliza más esos límites que existían en un principio entre la villa y el resto de la sociedad", concluyó.


  • Periodistas: Gonzalo J. García
  • Fotógrafos: Camila Casero

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