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Noticias

02/06/2015

“Invisibilizar el abuso de poder es una de las causales fundamentales de la violencia de género”

La especialista en Género y Políticas Públicas, Silvia Levín, doctora en Ciencias Sociales y profesora de Política Social II de la Facultad de Ciencia Política de la UNR, analizó el contexto y las causas de la creciente violencia social.


 



Las problemáticas de género y la violencia contra las mujeres han alcanzado una significativa presencia mediática y social en los últimos años. El devenir de la historia a partir de la sanción de la Constitución Nacional de 1994 y la comprensión del alcance de los Derechos Humanos contemplados en la Ley Suprema, convirtió un problema que hasta no hace mucho estaba como segmentado al mundo femenino, en una problemática social general.

Con la idea de anclar la entrevista en el contexto de la marcha nacional #NiUnaMenos que este miércoles se realiza en todo el país, y que la Universidad Nacional de Rosario manifestó su adhesión, conversamos con Silvia Levín, profesora titular de Política Social II de la Facultad de Ciencia Política y RR.II. de la UNR, y especialista en temas de Género y Políticas Públicas en Argentina.

- ¿Qué es la violencia de género y qué tipo variantes se pueden encontrar en esa definición?

El problema de género es un problema de toda la sociedad porque afecta a nuestras relaciones, sean privadas o públicas. Es decir, toca a nuestros hijos, padres, amigos, parejas; y por lo tanto no es un problema, ni de mujeres solamente, ni de varones solamente. Es entre mujeres y varones. Es un problema cultural que a través de los vínculos transporta relaciones desiguales, esquemas jerárquicos basados fundamentalmente en el abusos de poder. Una de las manifestaciones de esos vínculos es la violencia de género.

Esto quiere decir que no podemos desvincular a la violencia de el género de nuestro esquema de vida cotidiano. Son situaciones que transporta nuestra cultura, donde las desigualdades en las relaciones encuentran una forma de expresión en la violencia. Y actuamos violentamente cuando abusamos de la otra persona. Si no reconozco a la otra persona como un igual, si no la respeto o no la equiparo en términos de derechos o estatus, de algún modo genero un abuso de poder. Una violencia que no necesariamente se manifiesta a través de golpes u otra acción física con la que generalmente entendemos la violencia. Sino que la violencia también se manifiesta de manera simbólica y psíquica.

Estas situaciones están tan internalizadas en nuestras estructuras sociales que circulan de una manera muy sutil entre nuestras interacciones. Son prácticamente invisibles o muy difíciles de identificar. Por eso es sumamente importante poder verlas, porque es el modo de saber como corregir esas situaciones que generan subordinación y sometimiento, que en definitiva afectan a los vínculos y los enferman.

Para poder abordar a la violencia, lo primero que tenemos que comprender es que en nuestra sociedad no hay igualdad. Y una de las desigualdades -junto a otras- son las de género. Una desigualdad que no es tan visible o de simple identificación como puede ser la desigualdad socioeconómica. Entonces termina siendo una desigualdad que socialmente naturalizamos. Por eso, invisibilizar el abuso de poder es una de las causales fundamentales de la violencia de género.

- ¿Cómo se puede, desde el lugar de simples actores sociales, identificar estas desigualdades e intentar modificar esos comportamientos?

Creo que lo más importante es que todas las personas sepan que son sujetos que tienen derechos, y que todo lo que necesiten en el marco de esos derechos, valen lo mismo que para cualquier otro con el cual comparten sus vidas. Es muy común que nosotras, las mujeres, tengamos que renunciar a determinadas cosas para nuestros hijos, que debemos renunciar a una necesidad para satisfacer el deseo de nuestros maridos, hijos o padres. Y esa situación de renuncia que se llama abnegación, es un comportamiento que está arraigado en la sociedad. Una mujer abnegada es aquella que renuncia a sí misma en favor de otros.

En este sentido lo importante es saber que cada uno tiene derechos, cada uno tiene necesidades, y que no hay jerarquías; es decir, nadie vale más que otro. Ni por ser mujer o niño, hombre adulto o mujer joven, todos tenemos los mismos derechos. Incluso con cualquier otra condición, porque la diversidad sexual es un derecho humano.

- ¿A qué atribuye la atención que en los últimos años se le ha dado a las problemáticas de violencia de género? ¿Y por qué la violencia ha ocupado un lugar central en la agenda diaria?

A partir de los años ´90 cuando los Derechos Humanos son incorporados en nuestra Constitución Nacional y adquieren relevancia en el mundo con el aval de todos los organismos internacionales, pasan a ser derechos constitucionales, y la violencia es entendida como un problema de Derechos Humanos, donde cualquier manifestación de violencia se considera una violación a esos derechos.

Si bien en Argentina todavía no es delito, porque una persona violenta no puede ir presa (salvo que cometa una acción penal), sólo se la aparta del hogar o el ámbito de violencia. Allí comienza una conciencia de la sociedad sobre estos temas y problemáticas, y se avanza en mecanismos y estructuras que atienden los problemas de violencia, pero desde un concepto de atención. Hoy ya es necesario que existan mecanismos de prevención. Cuando se realiza una denuncia por violencia, se sabe que esa situación -por lo general- no es reciente sino que viene de años. Según estadísticas, la víctima de violencia hasta que toma conciencia que está en esa situación, pueden pasar hasta 6 ó 7 años. Por eso es primordial poder identificar antes esas situaciones, porque además es muy difícil después poder retrotraer la relación a una etapa anterior. Y siempre quedan secuelas que pueden ser físicas, pero sobre todo psicológicas.

- ¿De qué manera construimos una sociedad menos violenta o cómo trabajar la educación en la comprensión de los alcances de situaciones violentas?

La formación de las nuevas generaciones es central. En la medida de que los adultos, quienes aparecen como educadores, sostengan un comportamiento basado en el concepto de jerarquías de poder mediante el abuso de ese poder. Es importante comprender que hoy la educación no es sólo una transferencia de saberes formales, sino también influyen los aspectos informales como el trato con cada alumno, el lenguaje, la actitud; son todos aspectos que nos permiten evaluarnos sobre cómo somos con nuestro entorno sobre las pautas de equidad en las relaciones. Entonces las situaciones donde un educador no valora a su alumno, no lo respeta, no le permite expresas sus ideas, o hasta expresas sus diferencias también, de alguna manera eso va internalizando determinadas pautas de violencia que pueden surgir con el tiempo si no son modificadas.



(*) Silvia Levín es Doctora en Ciencias Sociales, Profesora Titular de Política Social II de la Facultad de Ciencia Política y RR.II. de la Universidad Nacional de Rosario. Investigadora de la Carrera de Investigador Científico UNR (CIC-CIUNR), y Especialista en Género y Políticas Públicas en Argentina.


  • Periodistas: Sec. de Comunicación