En las condiciones actuales de trabajo la imaginación, la intelectualidad y la creatividad forman parte necesaria de la jornada laboral. “Adáptese a los cambios”; “Tenga iniciativa”; “Anticípese a los problemas” son órdenes que requieren un capital intelectual por parte del trabajador más que el uso de la fuerza física y en ocasiones deriva a problemas de angustia o estrés.
Un proyecto de investigación de la Facultad de Psicología trabaja sobre esta temática.
“Hoy el trabajo humano se distancia de las actividades repetitivas que antes lo caracterizaban, ya que estas funciones están en la actualidad a cargo de máquinas. Cada vez más el trabajo exige del trabajador una fuerza accesoria a la física que llamamos fuerza intelectual”, contó el doctor Jorge Kohen, director del proyecto e investigador junto a la doctora Marité Colovini.
Así surge la definición del concepto de trabajo inmaterial. “El punto de partida de esta investigación es la concepción que en el trabajo de docentes e investigadores y en los trabajadores de prensa el objeto de trabajo no es una materia prima palpable. Lo que el trabajador produce es una modificación sobre una materia que no es concreta material sino que sobre lo que se trabaja es subjetivo”.
A modo de ejemplo Kohen señaló: “En particular, el maestro trabaja sobre un niño produciendo una subjetividad, transformando al niño en un sujeto inserto en la sociedad que pueda desenvolverse, se trabaja con la subjetividad y se produce subjetividad. De esa manera llegamos al trabajo inmaterial, una nueva fase de la producción capitalista actual en el cual lo principal es la producción de subjetividad”.
En la investigación, que desarrollan desde hace tres años años, queda reflejado cómo se modificaron las reglas y el tipo de trabajo con el paso de los años y la inclusión de las nuevas tecnologías en el mercado laboral. “Ya no se requiere exclusivamente un trabajo físico, con herramientas como en la construcción, donde el centro del desgaste es el aparato óseo-muscular más que el aparato psíquico. Hoy el trabajador se involucra con todos los sentidos, como el caso del trabajador de comunicaciones, el que transforma el hecho en una noticia. Del hecho a la noticia hay un proceso de interpretación y una técnica y el que interpreta involucra todos sus sentidos”, remarcaron Kohen y Colovini.
Las ideas y el conocimiento son entonces la materia prima de este tipo de trabajo y la subjetividad es definida como “los distintos modos de dar significados al mundo, las distintas maneras de pensar, de sentir, de vida, de existencia, que se da en el capitalismo globalizado que tiene a la información y la informática como los dos grandes pilares de su modo de acumulación”, explicó Kohen.
Y en este nuevo escenario el trabajador que produce ya no está atado a un puesto de trabajo. Un ejemplo que dieron los investigadores sobre este aspecto es la modalidad del teletrabajo, la posibilidad de trabajar en cualquier parte con una computadora e internet. “Esto ha producido un cambio en los científicos, los investigadores, los docentes, los trabajadores del sector financiero porque ponen en el centro de su actividad sus ideas y sus conocimientos”.
Angustia, estrés, enfermedades “del existir”. Posibles soluciones
Las patologías emergentes de este trabajo inmaterial surgen cuando los trabajadores desconocen cuál es el objeto del trabajo y eso le genera una carga cuyo impacto es el estrés, dolor de cabeza, síntomas psicosomáticos y psíquicos que muchas veces deriva en el cambio de trabajo.
"Las denominamos Enfermedades del existir por que el trabajador se involucra en el trabajo con toda su afecividad y su “ser” dandose el desgaste en el ambiente laboral que lo afecta en su totalidad como sujeto. Se reconoce como un problema del existir, una fuerte relación de trabajo que influye en la vida familiar y social”, sostuvieron.
“Esas enfermedades comienzan con angustia como estado psíquico negativo y que lleva en su devenir a cuadros complejos y definidos como la depresión o la fobia. En casos extremos, el exceso de trabajo puede causar la muerte súbita conosida como Enfermeradad de Karochyen que afecta a personas jóvenes.
Surge entonces la pregunta: ¿Cómo se evita el desgaste que ocasiona el trabajo inmaterial? En este sentido, los investigadores reconocen cuatro opciones a tener en cuenta para no caer en estas enfermedades y patologías frecuentes. En primer lugar, aportando elementos para que esa producción de subjetividad sea liberadora y no alienada, “que este acorde con objetivos colectivos”. Un segundo elemento a considerar es la posibilidad de que ese trabajo no irrumpa en la totalidad de la vida privada del trabajador, que la jornada tenga un principio y un fin, “que no invada su momento de reproducción”. El tercer punto es la concordancia entre la autovaloración y la valoración social de ese trabajo, ya que “la relación con los otros tiene que ver con el reconocimiento, hace sentir bien que los pares te reconozcan”. El cuarto y último ítem señalado es lo referido al acompañamiento que el trabajador debe tener por parte de la institución en la cual trabaja, “que no se quede solo con la angustia, que la pueda descargar y convertir en un elemento positivo, que la angustia no sea psicopatologizada y medicalizada”.
Sobre este último aspecto, los investigadores apuntan: “La postura nuestra sobre el trabajador inmaterial es que, por ejemplo, un docente puede retornar saludablemente a su ambiente de trabajo en la medida que sea acompañado y atendido en el padecimiento, en el sufrimiento. Asimismo, que la institución tenga dispositivos para que la problemática sea tratada”.
Esta investigación es novedosa en el tema ya que no sólo trabaja sobre la inmaterialidad sino también sobre las condiciones de trabajo.